Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

lunes, 30 de abril de 2012

Tiburón cerdo (Oxynotus centrina)

Tiburón cerdo capturado en la isla griega de Aegina (Foto: Joanna Franke).

Tiburón cerdo

Oxynotus centrina (Linnaeus, 1758)

(es. Tiburón cerdo, cerdo marino; gal. Peixe porco; in. Angular Roughshark; port. Peixe porco, tubarao porco.)

Orden: Squaliformes
Familia: Oxynotidae


A muchos les puede parecer cualquier cosa... excepto un tiburón. Y sin embargo lo es: el tiburón cerdo es tan tiburón como el tiburón blanco o el tiburón ballena; es un tiburón como una catedral, tal vez una catedral cubista, si tal cosa existiese, pero catedral al fin y al cabo. Comparte con estas especies, es verdad que más típicas y reconocibles, elementos anatómicos fáciles de observar una vez repuestos del susto del primer encuentro. Recordemos: esqueleto cartilaginoso, piel cubierta por grandes dentículos dérmicos, cinco hendiduras branquiales en posición lateral, ausencia de vejiga natatoria, fecundación interna. Y en mi opinión, un bicho dotado de una extraña belleza.

Descripción: Como el cerdo velero (Oxynotus paradoxus), tiene un cuerpo rechoncho, alto y de sección triangular, con tres carenas longitudinales en cada vértice del triángulo: una interdorsal y dos abdominales. Cabeza pequeña con un morro corto y romo y narinas grandes y adelantadas. La boca es también muy pequeña y de labios carnosos y prominentes. Los ojos son también grandes, ovalados y sin membrana nictitante. Carece de aleta anal.
Pero a diferencia del paradoxus, los espiráculos son grandes y alargados, ovalados o con forma de 'D'; los ojos presentan fuertes carenas supraorbitales bastante expandidas, formando como dos bultos redondeados; las grandes aletas dorsales no son tan altas y su ápice es triangular, no afilado; y las espinas que las atraviesan no están dispuestas en paralelo, sino que son divergentes, en forma de 'V', porque la primera está inclinada hacia delante.
La librea es también diferente: color pardo grisáceo con bandas más claras en la cabeza y flancos. Cuando el animal lleva muerto mucho tiempo, se observa un oscurecimiento generalizado. 

Detalle boca del O. centrina. Foto: Javier Guallart, L'Elasmogrup.
Dentición: Muy similar a la del O. paradoxus. Dientes superiores lanceolados, de borde liso, y más pequeños que los inferiores, que son triangulares y finamente denticulados. 9-11 filas en la mandíbula superior y 9 en la inferior.

Talla: 150 cm de longitud total máxima, si bien normalmente no sobrepasan el metro. Al nacer miden unos 21-24 cm. En las áreas más septentrionales de su distribución las hembras maduran hacia los 65 cm; mientras que en el sur, en aguas angoleñas, existen dos registros de hembras adultas de 51 y 58 cm. Los machos maduran hacia los 60 cm¹. Los datos, en todo caso, no parecen definitivos: Capapé et al. (1999) señalan una mayor talla de madurez para las hembras que para los machos (66 y 60 cm, respectivamente), mientras que Serena (2005) establece un 50-70 cm general².


Foto: Fausto Tinti.
Reproducción: Son Vivíparos aplacentarios (ovovivíparos), con camadas de 7 a 23 crías. En el Mediterráneo el apareamiento parece ser que ocurre en febrero, según recogen Ebert & Stehmann (2013), si bien existen "citas reproductivas relativas a los meses de marzo y abril"³.

Dieta: En principio, a base de gusanos poliquetos, crustáceos y moluscos del fondo, ocasionalmente peces pequeños. La forma y peculiar estructura de la boca, con los enormes labios carnosos, hacen pensar que este tiburón emplea un mecanismo de succión 
Por otro lado, se han encontrado huevos y embriones de pintarroja en los contenidos estomacales. A este respecto, resultan algo más que interesantes los resultados de un reciente trabajo de Javier Guallart et al. basado en las observaciones del comportamiento alimentario de un ejemplar conservado en el acuario de Valencia, que sugieren, a falta de estudios posteriores que lo confirmen, una especialización alimentaria en las cápsulas-huevo de elasmobranquios, tanto en el O. centrina como en los demás oxinótidos. La peculiar dentadura del tiburón se utilizaría a la manera de un abrelatas: los dientes superiores se fijarían sobre la superficie córnea de la cápsula, ayudados por los labios, que actuarían a modo de ventosa, y los inferiores se encargarían de abrirla, y el tiburón se tomaría la yema fresca como nosotros una ostra directamente desde la concha.

Hábitat y distribución: El tiburón cerdo es una especie bentónica de aguas frías, templadas e incluso cálidas. Habita los fondos fangosos y arenosos del talud superior y la plataforma continental entre los 50-777 m, sobre todo a partir de los 100 m.



Está presente todo a lo largo del Atlántico oriental, desde Noruega hasta Sudáfrica, y Mediterráneo. Posiblemente se encuentre también frente a Mozambique y el Índico occidental. 

Comportamiento: Como ocurre con el O. paradoxus, su comportamiento es poco conocido al tratarse de una especie no muy frecuente. Es de movimientos lentos y hábitos solitarios, aunque se han capturado por parejas. Su hígado voluminoso (representa el 16-23% de su peso corporal) seguramente le confiere flotabilidad neutra.
Se ha intentado mantener al tiburón cerdo en cautividad en el interior de grandes acuarios, pero sin demasiado éxito. Los animales apenas lograban sobrevivir unos pocos meses. Algunos pasaban la mayor parte del tiempo girados sobre su dorso, con lo que se apuntó la posibilidad de que estuviesen utilizando sus grandes espinas dorsales para desenterrar invertebrados. Pero lo más probable es que se tratase de un comportamiento aberrante causado por una deficiente aclimatación del animal, o bien por determinadas condiciones adversas del tanque (temperatura, luz, estímulos electromagnéticos, baja presión, etc.), dado que los individuos que actuaban así no se alimentaban y morían a los pocos días, según refieren Barrull & Mate. Esto viene a subrayar el éxito logrado por los responsables del acuario del Oceanográphic de Valencia, que han conseguido mantener con vida y en perfectas condiciones el ejemplar estudiado por Guallart y compañía durante más de 24 meses, y sigue.


Oxynotus centrina (Foto: Oceana)

Pesca y estatus: Escaso interés económico. Se capturan accidentalmente con palangre y arrastre. Actualmente la presión pesquera en aguas profundas es brutal, lo que está llevando a una disminución de sus poblaciones.
Figura en la Lista roja de la IUCN con el estatus global de Vulnerable; sin embargo, en el Mediterráneo está considerada En peligro crítico.
En el BOE del 21 de enero de 2012 las autoridades españolas incluyeron al tiburón cerdo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Orden AAA/75/2012) para su adaptación al Anexo II del Protocolo sobre zonas especialmente protegidas y la diversidad biológica en el Mediterráneo. Esto quiere decir que se prohíbe su captura, pero sólo en el Mediterráneo, lo que es una pena, porque todo su hábitat se encuentra en pleno campo de acción de la flota arrastrera, cada vez más potente y eficaz. En el Atlántico nororiental parece ser que faltan datos que justifiquen soluciones más drásticas.
En fin.


[En Galicia tenemos otra especie de cerdo marino. Si queréis conocerlo, no tenéis más que visitar el post Cerdo velero (Oxynotus paradoxus). Seguro que también os va a sorprender.]
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¹David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
²Bradaï, M.N., Serena, F. & Bianchi, I. (Mediterranean) and Ebert, D.A. (South Africa) 2007. Oxynotus centrina. The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2015.2. <www.iucnredlist.org>, consultado a 27 de julio de 2015.
³Joan Barrull & Isabel Mate (2002). Tiburones del Mediterráneo. Llibreria El Set-ciènces, Arenys de Mar.
Javier Guallart, P. García-Salinas, A. E. Ahuir-Baraja, M. Guimerans, J. R. Ellis & M. Roche (2015). "Angular roughshark Oxynotus centrina (Squaliformes: Oxynotidae) in captivity feeding exclusively on elasmobranch eggs: an overlooked feeding niche or a matter of individual taste?". Journal of Fish Biology, doi: 10.1111/jfb.12761.
 

sábado, 28 de abril de 2012

Cerdo velero (Oxynotus paradoxus)

Foto: CEMMA (1).

Cerdo velero 

Oxynotus paradoxus (Frade, 1929)

(es. Cerdo velero, cerdo marino de aleta grande; gal. Peixe porco veleiro; in. Sailfin Roughshark; port. Peixe porco de vela.)

Orden: Squaliformes
Familia: Oxynotidae

La típica conversación:
¡Dios! Qué bicho más feo. ¿Pero eso qué es?
Un tiburón.  
Es una broma.
Te lo juro.

En parte es comprensible. No hay más que ver las fotos (ésta que está justo aquí al lado, por cierto, no corresponde a un O. paradoxus, sino a un O. centrina; la he puesto para que veáis por qué se les llama 'cerdos marinos'). Efectivamente, existen pocas especies más alejadas de las formas prototípicas, exquisitamente estilizadas, de los tiburones de los documentales. Y sin embargo esos rasgos tan peculiares y sorprendentes de algún modo responden a un diseño perfecto, armonioso en relación a las extremas condiciones del medio en el que viven, que aleja a los cerdos marinos de lo grotesco y de lo amorfo. De ahí que, a su manera, nos pueden resultar hasta bellos si logramos mirarlos desde un punto de vista más ecuánime.
Hasta el momento hay descritas cinco especies de oxinótidos en todo el mundo, de las cuales sólo dos están presentes en aguas de Galicia: el cerdo velero y el cerdo marino (Oxynotus centrina), del que nos ocupamos en otro post.

Descripción: Lo cierto es que los cerdos marinos son absolutamente inconfundibles: cuerpo rechoncho y alto de sección triangular, con tres carenas longitudinales ubicadas, por así decirlo, en cada arista de ese triángulo: dos abdominales, entre las aletas pectorales y las pélvicas, y una interdorsal, como se ve en las imágenes de abajo.
Las dos aletas dorsales son enormes, muy altas y dotadas de gruesas espinas que las atraviesan, es decir, que no están situadas en su borde anterior como es habitual. A diferencia del O. centrina, las espinas están dispuestas en paralelo, la espina de la primera dorsal está inclinada hacia atrás; los ápices de las dorsales son estrechos y apuntados, y sus bordes posteriores muy cóncavos; los espiráculos son pequeños y redondeados. Como todos los Squaliformes, los cerdos marinos carecen de aleta anal.


(Foto: Fundaçao Rebikoff-Niggeler, publicada en FishBase.)

El morro es corto, grueso y romo; las narinas, grandes y próximas entre sí, y en posición bastante adelantada. La boca es pequeña y transversa, con labios muy carnosos y prominentes. Los ojos son grandes y ovalados, con crestas supraorbitales poco expandidas. Espiráculos pequeños y redondeados.
Color negro o gris muy oscuro uniforme, sin marcas distintivas apreciables. 

Dentición: Presenta dimorfismo dentario: dientes superiores pequeños, lanceolados y de bordes lisos; inferiores triangulares y muy finamente denticulados. Entre cinco y siete filas por hemimandíbula, con un sinfisario.

Talla: El cerdo velero es un tiburón pequeño, con una longitud total máxima que no supera los 120 cm (la máxima registrada ha sido de 118 cm), si bien normalmente no sobrepasa los 85 cm. Las hembras suelen ser más grandes, como es habitual. Al nacer mide alrededor de 25 cm. Se desconoce a partir de qué talla alcanza la madurez sexual, aunque se apunta que a partir de los 50 cm, como el O. centrina. Se ha registrado un macho maduro con 75 cm. 

Reproducción: Vivíparo aplacentario (ovovivíparo), con camadas de entre 8 y 15 fetos tras un periodo de gestación que se estima no muy largo para tratarse de una especie de profundidad. Parece ser que los partos se producen preferiblemente en fondos de roca y arena. 

Dieta: A base de pequeños peces e invertebrados de fondo. 

Hábitat y distribución: Se trata de una especie bentónica o batibentónica que habita las aguas frías, templadas y cálidas del talud continental, preferiblemente entre los 265-720 m, aunque se le ha encontrado a partir de los 70 m. También hay noticias de su presencia en la dorsal Atlántica.
Es posible que exista una distribución continua a lo largo del suelo oceánico, a una profundidad considerablemente más alta de lo que hasta ahora está constatado, con posibles poblaciones separadas en la dorsal y el talud.
Se ha apuntado la posibilidad de que en primavera realicen migraciones hacia la plataforma con fines reproductivos.


Fuente: Wikipedia
Habitante exclusivo del Atlántico nororiental, desde la costa norte de Escocia hasta las Canarias, Azores, Senegal y posiblemente el Golfo de Guinea; aunque es más abundante en las costas septentrionales británicas que en las africanas. No existen registros en el Mediterráneo. 

Comportamiento: Poco conocido. Por su estructura anatómica se cree que son nadadores lentos, de poca amplitud espacial. Posiblemente de hábitos solitarios. 

Pesca y estatus: Carecen de interés comercial, excepto por el aceite de su voluminoso hígado. Aunque en algunos lugares su carne se consume seca y ahumada, aquí sólo se destina para harina de pescado. Como se afirma en Solórzano et al.: "A súa carne é dura e desprende mal cheiro". (2)
Suelen formar parte de capturas accidentales con palangre de fondo y arrastre que por lo dicho muy raras veces llegan a la lonja.
Figura en la lista roja de la IUCN con el estatus de Datos incompletos. Es necesario conocer más datos sobre su distribución y biología.


Galicia, agosto de 1996, 700-1300 m (Foto: Alberto Serrano López, IEO)
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(1) Mi agradecimiento a los amigos del CEMMA, no solo por ésta, sino por todas las magníficas fotos de tiburones que desinteresadamente han cedido para publicar en este Blog, y que iréis disfrutando en próximos posts. En particular a Ángela y también, por supuesto, a Pablo, a quien le tocó la grata y entretenidísima tarea de recopilarlas y etiquetarlas para enviármelas.
(2) Miguel Rodríguez Solórzano, Sergio Devesa e Lidia Soutullo. Guía dos peixes de Galicia. Vigo: Galaxia, 1983, p. 43.
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sábado, 21 de abril de 2012

Artículo de Julio Camba: "La dieta del tiburón".



El artículo que hoy quiero presentaros no habla exactamente de los tiburones que hay en Galicia. Pero fue escrito por uno de los más grandes escritores que ha dado esta tierra, el periodista vilanovés Julio Camba, y sólo por eso vale la pena tenerlo aquí —aunque ciertamente el maestro tuvo días mejores en el manejo de su pluma. Apareció en el ABC del 26 de mayo de 1943.
Cuestiones literarias aparte, su interés radica, desde mi punto de vista, en que refleja muy bien la visión que en aquellos años se tenía de los tiburones. Todavía faltaban treinta y dos años para que Tiburón se instalase, de la mano de otro genio, en lo más profundo del imaginario colectivo, y eso se nota. Estos animales eran sencillamente unos bichos sumamente voraces y peligrosos, dispuestos en todo momento a hincarle el diente a cualquier cacho de carne humana que se les pusiese a tiro, como hace toda fiera de la selva que se precie. Nada más al fin y al cabo, para eso están. No existía la enfermiza paranoia que todavía hoy ensombrece la imagen del tiburón.
La fotografía de arriba nada tiene que ver con el artículo ni con el periódico. La saqué de La Vanguardia del 24 de septiembre de 1933. Es un cailón (Lamna nasus) capturado en el Moray Firth (fiordo de Moray), en la costa nororiental de Escocia. De nuevo, nada que ver con Galicia, pero ilustra muy bien este post.


BIOLOGÍA MARÍTIMA
La dieta del tiburón

Que el tiburón sea un tanto dado a la matonería y se imponga a todos los otros peces es cosa que no debe producirnos ni frío ni calor. Ya se sabe que, desde que el mundo es mundo, el pez grande ha venido comiéndose siempre al chico y no vamos nosotros ahora a quebrantar esta ley de la biología marítima, no muy diferente, por lo demás, de los que imperan en la biología terráquea. Lo malo es que el tiburón no se conforma casi nunca con su dieta de pescado. Frecuentemente aspira a modificarla con algún plato de carne y, entonces, lo mismo se zampa al pasajero de un trasatlántico
—si, por cualquier accidente, el pobre hombre ha tenido la desgracia de caerse al agua— que se aproxima a una playa de moda y, arrostrando todos los riesgos inherentes a su vecindad con la tierra firme, le hinca el diente al primer bañista que vea por allí remojándose la panza.
El tiburón es un pez pirata. Es un matón. Es, en fin, el gran salteador de los caminos del mar y, hasta hoy, no se había descubierto ningún procedimiento seguro para evitar sus arremetidas. Algunos pretendían que al tiburón le era mucho más difícil atacar por su lado derecho, que por su lado izquierdo o por el inferior que por el superior, pero, según el dictamen de un experto pescador de tiburones, la feroz criatura no ha tenido nunca más que un lado donde el hombre pudiera considerarse enteramente libre de peligros: el lado de afuera... Es decir, que, o se le encontraba por ese lado una solución al problema —por ese lado del problema y por ese lado del tiburón— ó no se adelantaría jamás absolutamente nada.
Afortunadamente —la noticia nos viene de Washington— parece que, tras minuciosas y repetidas investigaciones de laboratorio, los técnicos lograron ahora descubrir allí una sustancia tan inocua para el hombre como dañina para el escualo y la que, una vez disuelta en el agua de mar, hace salir de estampía todos los tiburones que se encuentren a su alcance (1). No dice nuestra información en qué forma actúa la misteriosa sustancia, pero ya sea por el sabor —aunque no consideramos precisamente a los tiburones como seres de paladar muy delicado— ya por el olor o ya de cualquier otro modo, lo importante es que actúe. El tiburón no conocerá el crawl australiano ni ningún otro procedimiento científico de natación, pero, a pesar del empirismo con que se mueve en el agua, conviene mucho que sea él quien se aleje del hombre en vez de obligar al hombre a alejarse de él.
Y he aquí cómo el tiburón ya no podrá, en lo sucesivo, darse aquellos banquetazos que se ha estado dando hasta ahora a nuestras expensas y de los que siempre solía quedarle algún testimonio en el buche. Un reloj de oro, por ejemplo. Un tacón de zapato. Una pluma estilográfica. Una medalla...
A no ser que el monstruo llegue algún día a habituarse a su propio veneno y, en vez de huirle, lo busque y lo solicite como parece que la cucaracha busca y solicita ya, en todas las casas donde se ocupan un poco de ella, su diaria ración de polvos insecticidas.


Julio CAMBA

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(1) Durante la Segunda Guerra Mundial los EEUU pusieron en marcha una serie de investigaciones para dar con un repelente anti-tiburones que ayudase a proteger a los pilotos y marinos que caían al mar. Posiblemente Julio Camba se esté refiriendo a uno de los que más éxito obtuvo en pruebas de laboratorio: el acetato de cobre, una mezcla de ácido acético y sulfato de cobre que por lo visto se parecía mucho (e incluso superaba) al hedor de la carne de tiburón en descomposición.

martes, 10 de abril de 2012

Avistamiento de peregrinos: Cómo actuar


Ahora que parece que comienza la temporada de peregrinos (Cetorhinus maximus), tras los últimos dos avistamientos en la costa asturiana, conviene tener en cuenta unas cuantas normas elementales de conducta en caso de que tengamos la fortuna de tropezarnos con uno o varios de estos increíbles animales, que ya sabéis que gustan de acercarse mucho a tierra e incluso meterse dentro de las dársenas, como ocurrió por ejemplo en Pedras Negras el año pasado.
El objetivo es que disfrutemos de un momento privilegiado respetando al mismo tiempo a estos pacíficos gigantones. La idea es que sientan ganas de volver el año que viene. Admirarlos sin respetarlos no sería más que admirarnos a nosotros mismos, como estos descerebrados que todos los veranos acosan, pegándose a ellos con sus lanchas, a cualquier grupo de delfines que se acerca a nuestras playas.

1. Embarcaciones de motor:
  • Ante cualquier avistamiento, bajar la velocidad a menos de 6 nudos evitando los cambios súbitos de velocidad.
  • A menos de 100 metros de cualquier animal poner el motor en punto muerto para evitar causar heridas en caso de colisión.
  • La distancia mínima de observación a un grupo grande de peregrinos (cosa sumamente inusual en nuestra costa) es de 500 m.
  • Procura observar la dirección que sigue el tiburón a fin de poder anticiparte a sus movimientos.
  • Las motos acuáticas no deberían circular a menos de 500 m del tiburón.
(Foto: Jane Young)

2. Nadadores y buceadores:
  • No intentar tocar al tiburón.
  • Mantener al menos una distancia de 4 metros, y mucho cuidado con la cola.
  • Si estamos en grupo, mejor mantenerse juntos en la superficie.
  • Cuando sea posible, tratar de limitar el número de personas en el agua al mismo tiempo.
  • Procurar no usar el flash de nuestras cámaras porque puede asustar al tiburón.
  • Observar la dirección que sigue el tiburón a fin de poder anticiparse a sus movimientos. Si quieres entrar en el agua, hazlo 100 m por delante.

3. Piragüistas y kayakers:
  • Mantener la calma y nunca dirigirse directamente hacia el tiburón.
  • Si estamos en grupo, mantengámonos siempre en bloque, no acercándonos al animal cada uno por su lado (mucho menos rodearlo), ya que podría asustarse y entonces se sumergiría y se acabaría nuestra diversión; o bien podría actuar de forma imprevisible, por ejemplo revolviéndose y sacudiendo la cola. Aunque son animales sumamente pacíficos, un tiburón acosado puede causarnos algo más que un susto.
  • No nos interpongamos en su camino, ni crucemos por delante. Que el animal siga su ruta sin verse obligado a cambiar de dirección y velocidad.
  • Como en los casos anteriores, observar su dirección y anticiparnos a sus movimientos para situarnos en una buena y respetuosa posición de observación. La idea siempre debe ser dejar que sean ellos quienes se acerquen a nosotros, y no al revés.
  • Los peregrinos a veces se sienten atraídos por los kayaks; pueden acercarse a ellos, nadar en paralelo e incluso sumergirse bajo la quilla. En estos casos, relajémonos y disfrutemos.


En resumen: Sentido común y respeto.

viernes, 6 de abril de 2012

Cañabota (Hexanchus griseus)

Foto: Antón Parada

Cañabota

Hexanchus griseus (Bonnaterre, 1788)

(es. Cañabota, cañabota gris, chata; gal. Bocadoce gris, bocadoce; cat. Xata, negra; peix xovato; in. Bluntnose Sixgill Shark; port. Tubarao albafar; fr. Griset.)

Orden: Hexanchiformes
Familia:
Hexanchidae

Jueves 2 de julio de 2009. En la playa Os Castros, Ribadeo, la gente disfrutaba de un espléndido día de sol. El agua estaba a la temperatura perfecta. De pronto alguien divisó una sombra que se desplazaba lentamente bajo la superficie; fuera lo que fuese, aquello parecía enorme. Los socorristas, alarmados, hicieron salir a todos del agua y clausuraron la playa. Poco después un grupo de Protección Civil localizó al animal. Efectivamente, aquella criatura era más grande que su zódiac de 4 metros. Nadie sabía exactamente a qué especie pertenecía, aunque algunos apuntaron que podría tratarse de una cañabota¹. Y era muy posible que fuese el mismo pez que días atrás se había estado paseando por al menos un par de playas de la Mariña lucense inquietando a un puñado de testigos. Lo fuera o no, o fuese en realidad otra especie de gran talla, como un peregrino (Cetorhinus maximus), nunca más se le ha vuelto a ver.
Tres años antes, el 14 de septiembre de 2006, también jueves, en una zona denominada Chan de Touriñán, a pocas millas de Camariñas², la tripulación del Coral, un arrastrero de Riveira que pescaba a la pareja con el San Martín, se encontró al izar el aparejo con el espectacular tiburón de las fotografías que ilustran este artículo: un grueso corpachón terroso oscuro rematado en una cabezota ancha y redondeada, con los ojos de un extraño color verdoso azulado. Era una hembra sin lugar a dudas, pues durante la operación dio a luz seis crías vivas que los mariñeiros devolvieron al mar.
Otra buena decisión, también merecedora de reconocimiento, fue la de informar a un grupo de especialistas de la captura de una especie tan rara. En este caso llamaron al CEMMA, quienes a su vez se pusieron en contacto con la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), que fue la que se hizo cargo del animal una vez desembarcado en Camariñas, para identificarlo, medirlo y tomar muestras. La verdad es que era muy grande, nada menos que 4,5 m de longitud total; aunque el hallazgo más sorprendente estaba en su interior: todavía quedaban 31 crías, ya muertas, de entre 69 y 76 cm
³, es decir, que ya habían llegado al final de su gestación; el parto natural era inminente. Una verdadera pena.


Descripción: La cañabota no es un tiburón fácil de confundir, excepto, quizá, con algún otro miembro de su pequeña familia (Hexanchidae). Uno de sus rasgos más característicos son los seis pares de aberturas branquiales laterales, en lugar de las cinco habituales en el resto de las especies no Hexanchiformes. Es un tiburón corpulento, de cuerpo grueso y alargado, y una cabeza bien ancha de extremo redondeado. El morro es corto y grueso visto de perfil. La boca, parabólica, es también muy grande. Ojos relativamente pequeños, excepto en los ejemplares juveniles, y como muchas especies de aguas profundas, de color verdoso o verde azulado reverberante cuando el ejemplar está vivo; anillo o aureola blanca rodeando la pupila. Presenta una única aleta dorsal en posición muy retrasada, situada bastante cerca de la cola, aproximadamente sobre la axila de las aletas pélvicas. Las aletas pectorales son cortas, anchas y redondeadas. El pedúnculo caudal es corto, más o menos con la misma longitud que la base de la dorsal; y la aleta caudal es bastante larga y abatida, con un lóbulo terminal claramente marcado.
En cuanto al color, la cañabota no presenta el típico patrón bicolor (dorso más oscuro que el vientre), sino un gris o gris terroso a castaño uniforme en los adultos, y gris con la superficie ventral más clara o blanquecina en los jóvenes.
La línea lateral está bien marcada con un tono más claro. El borde posterior de las aletas de color claro, excepto en los neonatos.

Dentición: Dimorfismo dentario, es decir, dientes distintos en cada mandíbula. Los de la mandíbula superior son lisos y estrechos, los laterales con pequeñas cúspides
secundarias del lado externo. Los de la inferior son grandes y muy característicos: presentan varias cúspides dispuestas a modo de peine (pectinados), como se ve en la imagen. 26-46 dientes en la mandíbula superior y 19-38 en la inferior, distribuidos en 6 hileras. 

Foto: Marty Snyderman.
Talla: La cañabota es el más grande de los Hexanchiformes. Como mínimo, llega a los 482 cm, posiblemente hasta los 550 cm estimados para una hembra, seguramente preñada, observada por un sumergible. Miden al nacer entre 61 y 74 cm, y en general alcanzan la madurez entre 300-330 cm, los machos, y 350-420 cm las hembras.
En Ebert y Stehmann (2013) encontramos información más exacta: los machos son juveniles hasta los 281 cm, adolescentes entre los 273-308 cm, maduran a los 309-330 cm, y llegan a alcanzar una longitud total máxima de 430 cm; las hembras llegan inmaduras hasta os 320 cm, posiblemente son adolescentes o recién entradas en la madurez entre los 350-420 cm, y maduras hacia los 421 cm, pudiendo llegar a alcanzar los 550 cm.

Foto: Antón Parada
Reproducción: Al tratarse de un tiburón de profundidad, y pese a que es capturado con cierta frecuencia, la información de que disponemos no es muy abundante. Como todos los Hexanchiformes, la cañabota es vivípara aplacentaria (ovovivípara), con camadas grandes de 22 a 108 crías tras un periodo de gestación posiblemente bastante largo. Es posible que el ciclo reproductor sea bianual: 12 meses de gestación seguidos de 12 meses de descanso. Probablemente es una especie longeva; algunos autores apuntan que puede vivir hasta 80 años.
Es probable que exista una segregación por tamaños, lo cual parece lógico dado el perfil oportunista de la especie, que no duda en alimentarse de sus congéneres más pequeños si se presenta la ocasión. Las áreas de cría se encuentran en la parte superior del talud y borde exterior continental, en cuyos fondos suelen encontrarse los individuos más jóvenes, que se desplazan hacia aguas más profundas y alejadas de la costa a medida que van creciendo. Se cree que en el golfo de Vizcaya se encuentra una de sus zonas de cría, dada la presencia estacional de juveniles.
En el Mediterráneo, concretamente en el Canal de Ibiza y Golfo de Valencia, se producen abundantes capturas en un mismo rango batimétrico (550-800 m), y por parte de los mismos barcos, que abarcan un amplio espectro de tallas, desde prácticamente neonatos hasta ejemplares de gran talla, pasando por juveniles. Lo que parece desmontar, al menos para esta zona, la hipótesis de la segregación por tamaños.


Foto: Juan Ignacio (SGHN).
Dieta: La cañabota es muy oportunista. Come de todo (sería el orgullo de nuestras abuelas): desde otros tiburones más pequeños como las mielgas (también a sus congéneres), hasta, los ejemplares más grandes, cetáceos y focas, pasando por rayas, quimeras, diferentes especies de peces óseos, calamares, crustáceos, etc. Y también tiene hábitos carroñeros, alimentándose de los cadáveres que caen hasta el lecho marino.
La dieta parece variar según la edad: el análisis de contenidos estomacales ha mostrado que los individuos más jóvenes menores de 1,2 m prefieren los cefalópodos y peces; entre 1,2-2 m, cefalópodos, peces y algunos condrictios, también pequeños mamíferos marinos; y por encima de 2 m, la preferencia son sobre todo los mamíferos marinos y los grandes peces. En todo caso, los hábitos carroñeros se dan en todas las tallas.

Foto: Javier Guallart.
Hábitat y distribución: Es una especie demersal de aguas profundas normalmente entre los 500 y los 1100 m, pudiendo llegar por lo menos hasta los 2500 m en el talud superior.
Aunque a veces se encuentra sobre la plataforma continental, se distribuye sobre todo en el talud continental e insular, montañas submarinas y dorsales medio oceánicas. En ocasiones, los ejemplares jóvenes pueden encontrarse en aguas frías poco profundas (menos de 200 m) cercanas a la costa, sobre todo en las latitudes altas donde la plataforma continental es estrecha; y los adultos, por su parte, pueden también aventurarse en aguas someras, sobre todo donde los cañones submarinos del talud se abren cerca de la costa. Frecuentemente aparecen asociados a zonas de afloramientos y alta productividad biológica.

Elaboración propia a partir de Ebert et al. (2013) y Rodríguez-Cabello et al. (2012).
Distribución mundial muy amplia aunque discontinua, en mares templados e incluso tropicales. Probablemente está ausente de las zonas polares. Tiene hábitos migratorios.

Comportamiento: Se le encuentra en solitario o en grupos. Es un nadador lento, pero de gran potencia. Los ejemplares grandes no suelen ofrecer demasiada resistencia cuando son capturados; en cambio, los jóvenes son muy combativos. Los adultos son muy sensibles a la luz, aun de baja intensidad, por lo que apenas se les suele ver a la luz del día en aguas someras, si bien pueden acercarse a la superficie por la noche o durante intentos afloramientos de plancton.

Durante el día se les puede encontrar cerca del fondo, a gran profundidad, y al atardecer, como muchas especies de aguas profundas, pueden emprender migraciones verticales hacia aguas más someras en busca de alimento, al menos en determinadas zonas, para regresar a las profundidades al acercarse el día.
Recientemente se ha descubierto que este tiburón posee flotabilidad positiva. Los datos aportados por una serie de acelerómetros colocados en varios ejemplares en aguas de Hawai demostraron que los tiburones debían realizar un esfuerzo mayor durante el descenso que durante el ascenso para lograr la misma velocidad; además, planeaban en sentido ascendente durante periodos de varios minutos sin realizar el menor trabajo muscular. Los tiburones ascendían hasta los 200-300 m durante la noche y bajaban más allá de los 500 m durante el día. Se cree que puede tratarse de una adaptación para favorecer la rapidez de movimientos durante las emboscadas, y también para facilitar el movimiento vertical de ascenso cuando la musculatura está muy fría debido a las bajas temperaturas de las aguas profundas.

Estos tiburones no son peligrosos para el hombre, a pesar de su gran tamaño. Aunque la probabilidad de un encuentro fortuito es extremadamente baja, dada la profundidad de su hábitat, en aquellas zonas donde, debido a una particular geomorfología costera, se ha observado que con cierta frecuencia llegan a aguas someras, suelen mostrarse cautos y dóciles en presencia de buceadores, particularmente los ejemplares más grandes; mientras que los jóvenes se muestran algo más irritables. Sólo hay constancia de un único ataque (no fatídico) a un buceador que recogía almejas en el estrecho de Puget, estado Washington.

Foto: Antón Parada.
Pesca y estatus: La cañabota se captura sobre todo con arrastre y palangre de fondo. Se aprovecha el aceite de su enorme hígado y su carne se consume fresca y salada, aunque no parece muy apreciada. El resto, para pienso. Aunque a menudo es descartada en su totalidad. Dada su flotabilidad positiva, estos ejemplares que se tiran por la borda, incluso los más grandes, son arrastrados por las corrientes hacia la costa generando cierto revuelo entre la gente y, sobre todo, los periodistas.
Figura en la lista roja de la IUCN en su edición europea con el estatus de Preocupación menor, en otras zonas del planeta tal vez mantenga el anterior estatus de Casi amenazado.
Aunque no se pueda decir que sea abundante en Galicia, la cañabota sí parece una especie relativamente común en los grandes fondos que rodean nuestra costa. En el Mediterráneo se considera una especie bastante común en su rango batimétrico, y son numerosas las informaciones que llegan de capturas por arrastreros comerciales que faenan en el talud. Sin embargo, no está del todo claro si este elevado número de capturas puede constituir una amenaza para la especie, o si, por el contrario, es un indicador de la abundancia de sus poblaciones, a pesar de la pesca.

En 2003, el Gonzacove Uno, un arrastrero con base en Marín, capturó, con pocas semanas de diferencia, dos ejemplares, como nos informa La Voz de Galicia de 23 de septiembre. El primero, una hembra "de unos 5 metros" que dio a luz sobre la misma cubierta del barco (igualmente, las crías fueron devueltas al mar); el segundo, un individuo de 212 cm capturado a 500 m de profundidad frente a la costa de Corrubedo junto con un tiburón duende.
En la costa cantábrica, en abril de 2005, otro arrastrero, el Elanis Berria, con base en Avilés, capturó accidentalmente otra hembra de 410 cm y 620 kg de peso. Estaba preñada. Cuando la abrieron se toparon con 87 fetos ya formados... 

¿Es posible que la cañabota haya elegido Galicia y alrededores como zona de cría?
Pues por qué no. Soñar es gratis.


La cañabota es la que está tumbada con la boca abierta (Foto: Antón Parada).
Estamos ante un verdadero fósil viviente. Sus dientes solo se encuentran en registros fósiles de hace casi 100 millones de años, y hay quien considera las cañabotas, como los Hexanchiformes en general, los descendientes más directos de los tiburones del Mesozoico. ¿Cuánto tiempo más podrán mantenerse entre nosotros? Pues de nosotros depende.
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Una nota de agradecimiento al gran Antón Parada por su apoyo y generosidad en la cesión desinteresada de sus extraordinarias fotografías, que podréis disfrutar en sucesivos artículos y la páginas de Google+ y Facebook (graciñas, Tucho).

[Actualizado el 21-VI-2015. Muchísimas gracias a Javier Guallart por sus importantes aclaraciones y matizaciones sobre el artículo original, y por las fotografías.]

Fuente: www.discovery.com.

=>Véase también: Los ojos de la cañabota.


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¹La Voz de Galicia de 4 de julio de 2009.
²La Voz de Galicia de 15 de septiembre de 2006.

³Ver nota completa en el Blog de la SGHN de Ferrol
David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
Javier Guallart, comunicación personal.
David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
Cristina Rodríguez-Cabello, A. Serrano, R. Bañón, F. Sánchez y M. Pérez (2012). Deep-water chondrichtyan species caught in the Galicia Bank (NE Atlantic). Póster presentado en el XVII congreso del SIEBM.
Foto: Mark Royer, University of Hawaii.
Por este motivo es posible que la flotabilidad positiva también se dé en otras especies de aguas profundas, cuyos enormes hígados se creía hasta ahora que, como mucho, les conferían flotabilidad neutra. Uno de los ejemplares marcados durante este trabajo, también con flotabilidad positiva, fue otra especie de profundidad, el tiburón espinoso (Echinorhinus cookei). Véase Itsumi Nakamura, Carl G. Meyer, Katsufumi Sato (2015). Unexpected Positive Buoyancy in Deep Sea Sharks, Hexanchus griseus and a Echinorhinus cookei. PLoS ONE 10(6): e0127667. doi:10.1371/journal.pone.0127667
En la Columbia Británica se ha montado un negocio de turismo de buceo alrededor de esta especie que parece que tiene éxito. Como todos los tiburones, la cañabota está demostrado que vale más viva que muerta. Es una idea.
Javier Guallart, comunicación personal.