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jueves, 31 de julio de 2014

Odón de Buen y un peregrino

Odón de Buen.

Lo que sigue es apenas una pequeña anécdota ocurrida hace casi 100 años, a finales de un mes de julio como este, gozosamente comentada por la prensa de la época. Sus protagonistas fueron un tiburón peregrino, la familia real, que holgazaneaba en Santander, y la figura clave de la Oceanografía de este lugar tan triste llamado España: D. Odón de Buen.

"El principe de Asturias y el infante D. Jaime, con su profesor señor Loriga, viendo el tiburón pescado á nueve millas de la costa". Fuente: Mundo Gráfico: Revista popular ilustrada, miércoles 31 de julio de 1918, Biblioteca Nacional de España.
SANTANDER 26 (10,30 n.). Los tripulantes de la lanchilla de pesca de Santoña "Virgen del Puerto", al regresar esta mañana se vieron sorprendidos por la presencia de un tiburón, a una milla próximamente de cabo Mayor. 
     El patrón de la lancha dispuso todo lo conveniente para darle caza, y se le tiró un arpón que fué a clavarse en el lomo del selacio, que, al sentirse herido, dió tan fuerte sacudida, que en uno de los coletazos estuvo a punto de echar un hombre al agua. El arpón quedó retorcido y roto; pero como el tiburón estaba mortalmente herido, pudieron los tripulantes de la lanchilla largar unos cabos, amarrarle y meterle a bordo. Sobre cubierta continuó dando coletazos, y algunos de los pescadores hubieron de darle varios cortes con una navaja para rematarle. 
     De la llegada de este ejemplar al puerto, tuvo noticia el director del Instituto Oceanográfico, D. Odón de Buen, quien inmediatamente se presentó en la lancha y examinó el tiburón. Este fué trasladado a la Estación de Biología marina para su estudio. 
     Se trata de un ejemplar "Cetorhinus maximus", joven, de tres metros veinte centímetros de largo. Estos ejemplares llegan a medir catorce metros. Es el segundo de esta familia que se ha conseguido coger en las costas españolas. El primero es el que es halla en el Museo de Historia Natural de Madrid. 
     El señor de Buen se propone conservar la cabeza del tiburón y enviar las vísceras para que sirvan de estudio a las señoritas pensionadas por el Instituto Oceanográfico que se encuentran en San Sebastián. 
     El príncipe de Asturias y el infante D. Jaime visitaron la Estación de Biología para ver el tiburón. Luego recorrieron el "Acuarium" acompañados de sus profesores los señores Dóriga y Antelo, del marqués de Viana y del conde del Grove.
El Sol, 27 de julio de 1918.

Odón de Buen fue un firme defensor del republicanismo, del laicismo y del pensamiento libre, y una de las figuras clave en el desarrollo de nuestra ciencia, cuyo estudio se propuso modernizar incorporando en su labor docente las más novedosas técnicas, materiales y modelos científicos... en contra de todo y de todos. Su empeño en introducir en España algo tan peligroso como la teoría de la evolución le valió la expulsión de la cátedra de Zoología de la universidad de Barcelona, y la presión conjunta de la Iglesia y la alta sociedad ultra conservadora logró incluir parte de su copiosa obra en el Índice de Libros Prohibidos.
En una excursión científica a bordo del buque Balear, 1908.
Su extensísima obra comprende decenas de tratados científicos y centenares de artículos periodísticos. Pero la culminación de la labor científica de este aragonés de secano fue la creación, en 1914, nada menos que del Instituto Español de Oceanografía. La ciencia, la educación y la libertad frente al oscurantismo y la servidumbre moral e intelectual ligada al imperio de una religión de estado.
"Fui siempre partidario de la enseñanza laica y enemigo irreconciliable de la escuela oficial española, ayuna de buen plan pedagógico, rutinaria, arcaica en procedimientos, en materiales, en locales, y con un personal reclutado en una selección al revés, confesional en exceso y deficiente de enseñanzas ciudadanas, fuera de las realidades de este mundo por pensar demasiado en el otro mundo."
Más adelante explicaría su sentido del laicismo: “El laicismo es hoy la más preciada libertad. No se opone el laicismo a la religión ni la persigue. El laicismo es tolerancia a la conciencia ajena; pero la conciencia está fuera de la órbita del Orden Público, y no se puede aceptar que en las relaciones sociales se quiera imponer a los demás el dictado de la conciencia”. Y uno ya se imagina como termina la historia.

"El principe de Asturias viendo el tiburón pescado a tres millas de la costa y que ha sido regalado al Museo Oceanografico de Santander." Fuente: La Acción, 29 de julio de 1918, Biblioteca Nacional de España.
También estuvieron a verle [al tiburón peregrino] el príncipe de Asturias y el infantito don Jaime, acompañados de su profesor, señor Antelo, y del conde de Grove. Don Odón de Buen, que se encontraba en aquel momento en la Estación de Biología de Marina [sic], aprovechó la ocasión para dar á los augustos niños una verdadera conferencia científica. (La Vanguardia, 27 de julio de 1918).

Pocos años después la victoria del bando nacional-católico en la Guerra Civil cortó del modo más sangriento aquel proceso de renovación y modernización del país a través de la ciencia, la cultura y la educación. Y de qué manera: con la muerte, la represión y el exilio. La imagen de un viejo de 74 años, enfermo y medio ciego, encerrado durante un año entero en la cárcel de Palma de Mallorca sin el más mínimo atisbo de misericordia, es un pálido reflejo del odio visceral que espíritus libres como de Buen despertaron en la miserable canalla. De algún modo recuerda la trágica escena de otra de nuestras grandes figuras, esta de las letras, D. Antonio Machado, cruzando la frontera francesa a pie bajo una lluvia torrencial, llevando a su madre enferma, junto a centenares de compatriotas que cargaban los enseres que apresuradamente habían podido rescatar de sus hogares.

Tras un canje de prisioneros, que solo resultó posible debido al escándalo internacional que había provocado el fusilamiento, la madrugada del 3 de septiembre de 1936, de uno de sus hijos, Sadí, médico y científico de renombre que contribuyó decisivamente a la erradicación del paludismo en España (su trabajo, por cierto, se destruyó tras su muerte, y ante el grave repunte de la enfermedad en los años 40, hubo que empezar desde cero), de Buen pudo salir de prisión y marchar al exilio a Francia. Pasó unos pocos años en Banyuls-sur-mer, a pocos kilómetros de Collioure, donde acabarían instalándose Machado y su madre, y tras la muerte de su mujer decidió trasladarse a México. Allí murió en 1945. Tenía 82 años.
                           Contemplando el tiburón 
SANTANDER 27 (2 t.). A las once y media de la mañana salió de Palacio la reina Victoria, con las infantas doña Cristina y doña Beatriz y el infante D. Gonzalo, dirigiéndose al Instituto para ver el tiburón cogido ayer.
El director del Instituto, Sr. De Buen, enseñó a las augustas personas el acuario, que les agradó mucho. [...] A la una y media salió el Rey, con su secretario, Sr. Torres, y fué también a ver al tiburón. (El Sol, 28 de julio de 1918).
En Madrid hacia 1925.
En 2003, los restos de Odón de Buen fueron llevados de vuelta a España y enterrados en su pueblo natal, Zuera. Según parece, allí le han levantado monumentos y hecho homenajes sin fin... tras haberlo crucificado miserablemente:
“En el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza se encuentran múltiples papeles con las acusaciones de sus vecinos de Zuera, por ser significado republicano, masón, ateo y hasta marxista. Todos los cargos tenían por objeto, además de la venganza, la incautación de sus bienes en Zuera, con la notable pirueta legal, por llamarla de alguna manera, según la cual el inculpado debía “responder civilmente por los daños o perjuicios de todas clases que hubiera ocasionado directamente como consecuencia de su oposición al triunfo del Movimiento Nacional”. Embargaron su casa con todo lo que había dentro, cuya relación de bienes se realiza con sobrecogedor detalle. “El mobiliario del despacho, por cierto, se lo quedó mosén Fernando, el cura de Zuera”. “Lo que no debieron encontrar son los libros que Odón de Buen había guardado allí con idea de retirarse algún día; fueron quemados en la plaza pública por los falangistas, en los primeros días de la Guerra, igual que fue arrastrado por las calles del pueblo el busto que le había hecho Mariano Benlliure y que estaba en el Grupo Escolar”. (Antonio Calvo Rey, Odón de Buen: Toda una vida, citado por Rafa Ruiz en su artículo de recomendable lectura "Odón de Buen: por la ciencia, el laicismo y la república", blog elasombrario.com).
Unos años antes, y gracias al empeño y compromiso con sus vecinos de aquel viejo republicano, masón, ateo "y hasta marxista", Zuera pudo gozar de una biblioteca municipal y un colegio.

La figura de Odón de Buen, como la de otros muchos intelectuales republicanos, fue sepultada por el régimen fascista bajo el más escandaloso y vil de los silencios... que todavía hoy sigue de algún modo vigente. Apenas se le han dedicado unos pocos artículos y algún que otro documental coincidiendo con el centenario del Instituto Español de Oceanografía. Lo demás sigue siendo oscuridad y silencio, y nosotros, un país de segunda... que además sigue todavía empeñado en deshacerse de sus hombres de ciencia. La vieja consigna del "que inventen ellos" la llevamos impresa en la boina como los americanos el "In God we trust" en sus billetes.
Menos en lo que nos interesa, somos un país de peregrinos.

Foto: Alex Mustard.

jueves, 24 de julio de 2014

Anelasma, el percebe parásito

Negrito (Etmopterus spinax) con una pareja de Anelasmas en la base de la dorsal. Foto de Irvin Kilde tomada de Wikipedia.

En efecto, parece una mezcla de capítulo de Bob Esponja y de historieta de Mortadelo y Filemón, tal vez sazonada con una pizca de película de serie B de los años 50. Pero la historia es real, y bastante seria a juzgar por las consecuencias que este percebe mesoparásito tiene para sus huéspedes. Conozcamos a sus protagonistas.

I. LA CRIATURA. Podríamos despachar este punto diciendo simplemente que el Anelasma squalicola es un crustáceo cirrípedo del orden de los percebes (Pedunculata) que parasita tiburones de aguas profundas. Pero, como en toda buena novela, nos perderíamos la parte más jugosa y fascinante de todas, su naturaleza y orígenes.
Los percebes son algo así como gambas mutantes que viven permanentemente encerradas entre las paredes de una especie de concha lo que llamamos uña fijada a una roca mediante un pedúnculo; sus patas se han modificado para convertirse en cirros, esas largas estructuras con aspecto de pluma con las que tamizan el agua en busca de nutrientes. En su fase larvaria pasan por dos grandes estadios: larva nauplius, que forma parte del zooplancton, y larva cipris, que es una nadadora rápida y activa en busca de un lugar donde establecerse. Una vez anclada a una superficie tiene lugar la metamorfosis de la que surgirá la criatura en su forma definitiva. La inmensa mayoría de las especies coloniza rocas o cualquier otro objeto flotante, otras se fijan a organismos vivos como ballenas y cangrejos. En general, extraen su alimento del agua circundante, pero unas pocas lo extraen del interior de otras criaturas.

Existen otros percebes parásitos, pero que no se parecen en nada al percebe prototípico, hasta el punto de que solo se han podido identificar como tales gracias a sus larvas. Por ejemplo, los rizocéfalos (Rhizocephala), unos bichos de auténtica pesadilla, de los que existen más de 250 especies. Una vez el cipris se ancla a su huésped (típicamente un cangrejo decápodo), lo que queda tras la metamorfosis es apenas un saco que contiene el aparato reproductor y el sistema nervioso central. Pero lo terrible es lo que no vemos: las raíces que contienen el aparato digestivo se extienden hacia todos los rincones del interior de la víctima, castrándola y dominándola hasta convertirla en un apéndice de su voluntad. El cangrejo llega a proteger el bulbo del rizocéfalo como si fuese su propio saco de huevas... aun tratándose de un macho.
Comparación de un Anelasma squalicola (izq.) con un percebe típico (drcha.): obsérvese la forma y tamaño de los cirros (ci), claramente subdesarrollados en el primero, así como la forma del pedúnculo (pd) del Anelasma, adornado con un buen número de raíces. Las barras de escala representan 0,5 cm. Fuente: Rees et al. (2014), Current Biology.
El caso del Anelasma es bien distinto y extraordinariamente fascinante, como ya observó el propio Charles Darwin en un estudio monográfico sobre los cirrípedos publicado en 1851. En primer lugar, pese a haber cambiado radicalmente su estilo de vida, pasando de filtrador a parásito, morfológicamente todavía conserva el aspecto típico de un percebe: consta de una parte superior o capítulo, si bien desprovisto de cubierta calcárea, y de un pedúnculo, que aquí ha desarrollado unas estructuras en forma de raíces. A nivel interno se observa, entre otros elementos, que contiene seis pares de cirros, pero poco desarrollados y carentes de estructuras filtradoras, lo que los hace inservibles para su función trófica original probablemente están atrofiados.
En segundo lugar, se trata del único percebe que parasita vertebrados, lo que no deja de ser sorprendente habida cuenta de que se conocen varias especies de cirrípedos que viven anclados a diferentes vertebrados del medio marino, como los las ballenas (Coronulidae), y sin embargo ninguna ha dado el salto evolutivo hacia una forma de vida parasitaria. Y como colofón, el último descubrimiento¹ es que su pariente más cercano no es ninguno de estos percebes viajeros, sino un percebe de roca normal y corriente, filtrador y sedentario, del Indo-Pacífico, el Capitulum mitella. La genética y el registro de fósiles confirman que ambas especies comparten un ancestro común, del que empezaron a divergir allá por el Mesozoico, hace unos 120 millones de años.²
Todo lo anterior hace pensar que el Anelasma puede ser una criatura en pleno proceso de divergencia evolutiva, o, si se prefiere, el eslabón entre los cirrípedos filtradores y los parásitos.

Otra pareja de Anelasma en un negrito (Etmopterus spinax). Observad el pedúnculo, que parece una cebolleta, enterrado en el cuerpo del tiburón, y el capítulo, oscuro y sin placas calcáreas, como en los demás percebes. Fuente: Rees et al. (2014). Current Biology.

II. LAS VÍCTIMAS. El Anelasma squalicola se fija al cuerpo de su víctima y hunde el pedúnculo en el tejido muscular. Este pedúnculo, de color lechoso amarillento y aspecto bulboso, ha desarrollado un sistema radicular mediante el cual se extiende a lo largo del tejido para absorber los nutrientes que necesita, de manera similar a las raíces de los árboles. Las zonas preferentes de anclaje pueden variar de una especie de tiburón a otra, según Yano & Musick³. Así, en los tollos negros (Centroscyllium fabricii) que examinaron estaban situados en la segunda dorsal; en los ejemplares de tollo raspa (Etmopterus princeps), en la boca y primera dorsal; en los de melgacho pardo (E. unicolor), en los pterigópodos y base de las pectorales; en el melgacho granuloso (E. granulosus), en la primera dorsal, el abdomen y en la aleta caudal.
En la mayor parte de los casos, los Anelasma se encuentran formando parejas, posiblemente por motivos relacionados con la reproducción. Aunque son hermafroditas, siempre debe haber un macho que fecunde a una hembra (por cierto, los percebes tienen el pene más largo en relación al tamaño de su cuerpo de todo el reino animal).

Es notable que en todos los casos registrados a nivel mundial los huéspedes son tiburones pertenecientes a la misma familia, la de los tollos o tiburones linterna, Etmopteridae (orden Squaliformes). Estas son las especies recogidas e investigadas por Yano & Musick en el citado trabajo.
  • Tollo negro (Centroscyllium fabricii), al oeste de Groenlandia.
  • Tolla de peines (Centroscyllium nigrum), en la parte del Pacífico del estrecho de Magallanes, Chile, cerca de la isla Desolación.
  • Melgacho granuloso (Etmopterus granulosus), en Nueva Zelanda.
  • Tollo raspa (Etmopterus princeps), en las islas Canarias.
  • Melgacho de aletas orladas (Etmopterus schultzi), en el Golfo de México.
  • Negrito (Etmopterus spinax), en el norte de España y las Islas Británicas.
  • Melgacho pardo (Etmopterus unicolor), en Nueva Zelanda.
Esta especialización no es única del Anelasma. El Dermopthripius penneri, por ejemplo, un platelminto, solo parasita dos especies de tiburones: el jaquetón picudo (Carcharhinus brevipinna) y el jaquetón manchado (Carcharhinus limbatus).

Negrito (E. spinax) con doble pareja de Anelasma. La barra de escala representa 1 cm. Fuente: Rees et al. (2014), Current Biology.
¿Qué consecuencias tiene el Anelasma para sus víctimas? Pues bastante graves, puesto que afectan nada menos que a su reproducción, bien retardando, bien limitando de alguna forma el desarrollo de sus órganos reproductores (recordemos que estos tiburones de aguas profundas poseen ya de por si una bajísima tasa reproductiva). Lo que Yano & Musick descubrieron fue lo siguiente:
     -Las hembras maduras infectadas presentaban un número notablemente inferior de óvulos maduros que en individuos de su misma talla. Estos óvulos, de un color blanquecino a ligeramente amarillento, eran, además, bastante más pequeños que los de las hembras sanas, claramente amarillos.
     -Los testículos y pterigópodos de los machos maduros infectados estaban menos desarrollados que los de los individuos sanos de talla similar.


Ahora ya conocéis toda la historia (o casi toda). Ni Bob Esponja, ni Mortadelo y Filemón, ni película de serie B. Solo se me ocurren algunas analogías con la situación de una ciudadanía que quiere salir adelante pese a un puñado de parásitos que extienden sus tentáculos... y... ... y mejor quedémonos con los tiburones.

________________
¹Véase David John Rees, Cristoph Noever, Jens Thorvald Hoeg, Anders Ommundsen & Henrik Glenner (2014). On the Origin of a Novel Parasitic-Feeding Mode within Suspension-Feeding Barnacles. Current Biology, vol 24, Issue 12, pp. 1429-1434. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2014.05.030
²No obstante, Yano & Musick (2000) recogen la idea de que su amplio rango geográfico y la distribución de sus huéspedes pueden apuntar al hecho de que el nombre A. squalicola englobe en realidad a varias especies.
³Kazunari Yano & John A. Musick (2000). The Effect of the Mesoparasitic Barnacle Anelasma on the Development of Reproductive Organs of Deep-Sea Squaloid Sharks, Centroscyllium and Etmopterus. Environmental Biology of Fishes, 59: 329-339.



viernes, 18 de julio de 2014

200 o 2000 tiburones blancos en California

Un macho joven fotografiado en Guadalupe por George Probst.
La disparidad de opiniones, de puntos de vista e incluso de criterios para abordar o evaluar un determinado asunto no solo enriquecen extraordinariamente el debate científico (en realidad cualquier debate), sino que nos acercan más a la verdad. Sin embargo, hay casos en los que estas divergencias son tan amplias que, lejos de aclararnos algo, lo que consiguen es dejarnos sumidos en el más desolador desconcierto. Hoy os presento uno de estos casos.
A la pregunta de cuántos tiburones blancos puede haber, siquiera aproximadamente, en el área de California central, dos trabajos publicados con tres años de diferencia y firmados, cada uno, por un generoso puñado de reputados especialistas, responden, el primero, que poco más de 200, y el segundo, que poco más de 2000. Y uno se queda helado. ¿Cómo es posible que en tan poco tiempo la cifra se haya multiplicado por 10? Veamos qué dicen el uno y el otro.

Áreas de foto identificación.
1. Chapple et al. 2011¹. El primer estudio recoge las conclusiones de un trabajo de foto identificación realizado entre 2006 y 2008 en dos zonas donde periódicamente se producen elevadas concentraciones de tiburones blancos: Punta Tomales, el extremo noroccidental de Point Reyes, al norte de San Francisco, y los famosos islotes de los Farallones, situados a 30 millas al oeste de la ciudad. Algunos os preguntaréis, como yo en su momento, ¿por qué, tratándose de un espacio geográfico tan amplio, los científicos solo se han centrado en estos dos puntos? Los diferentes estudios de marcado y seguimiento han descubierto un patrón migratorio estacional definido a lo largo de cuatro áreas principales del Pacífico nororiental:
  • El archipiélago de Hawai, 
  • El conocido como White Shark Café, una zona intermedia entre la costa californiana y Hawai.
  • Las aguas de la plataforma continental americana, particularmente punta Tomales, los Farallones y la isla de Año Nuevo, situada a unos 90 km al sur de San Francisco.
  • Isla de Guadalupe, México.
Sin embargo, lo que los autores tuvieron en cuenta fue la elevada tasa de fidelidad geográfica de los tiburones blancos. Sus migraciones muestran un fuerte componente filopátrico es decir, caracterizado por la tendencia a permanecer o regresar todos los años a las mismas zonas de cría y reproducción, a consecuencia del cual se ha llegado a constituir en una población genéticamente diferenciada. Todos los años de agosto a enero² regresan a las aguas de California, pero, según afirman los autores, en dos grupos que suelen mantenerse separados: los de Guadalupe por un lado y los de California por el otro. Y en California, las zonas donde a juicio de los autores se producen, con diferencia, las mayores concentraciones son las elegidas: Tomales y Farallones.

"Área migratoria y rutas de 179 tiburones blancos marcados en la costa de California Central entre 2000-2008. Los tiburones se concentraron principalmente en tres áreas: California, Hawai y una zona intermedia denominada White Shark Cafe."
Aunque el marcado y seguimiento es un sistema válido para realizar un censo de esta naturaleza, los autores alegaron que resultaba caro y que además exigía un esfuerzo continuado a lo largo de varios años. En consecuencia, optaron por la foto identificación, un método más económico pero igualmente efectivo teniendo en cuenta esta particular dinámica poblacional.
Ya sabéis que en los tiburones blancos el dibujo del borde posterior de la aleta dorsal es como una huella digital, cada individuo tiene su propio diseño, único e intransferible (aunque también es verdad que puede sufrir variaciones a lo largo de los años, pero esto los autores no lo dicen). Así pues, la estrategia era atraer a los tiburones de las dos áreas elegidas hasta la lancha con un poco de carnada y un señuelo en forma de foca; tomar fotografías de las dorsales, en superficie o bajo el agua, e identificar a sus dueños; y, finalmente, comparar los registros de un punto y del otro a lo largo de las tres temporadas que duró el proyecto: entre septiembre y enero del 2006, 2007 y 2008. De esta forma reunieron 321 fotografías con las que lograron identificar 130 individuos, adultos y sub-adultos³ de tallas comprendidas entre los 260 y los 530 cm; 69 ejemplares eran machos y 19 hembras, no pudiéndose determinar el sexo de los 42 restantes. Por último, cargaron todos los datos en un complejo programa estadístico de cálculo estimativo de poblaciones. Utilizaron hasta ocho modelos diferentes que arrojaron cifras similares al elegido, un modelo hipergeométrico basado en el cálculo bayesiano. Recordemos: 219 ejemplares adultos y sub-adultos en California central (los ejemplares juveniles quedaron excluidos). Los autores llegaron a aventurar que con toda probabilidad esta cifra representaba aproximadamente la mitad de la población total de tiburones blancos de todo Pacífico nororiental. Un número muy por debajo de lo que debería, si lo comparamos, como ellos hacen, con el tamaño de las poblaciones de otros súperdepredadores, como las orcas y los osos polares.

Los investigadores toman fotografías de un  tiburón al que han atraído con un señuelo en forma de foca (fuente: Stanford University).

2. Burgess et al. 2014⁴. Como es natural, estas cifras provocaron la alarma en la comunidad científica, los grupos conservacionistas, ciertos medios de comunicación y el público interesado. De modo que un puñado de científicos decidió revisar el trabajo de Chapple para comprobar sus cuentas. Y la conclusión, expuesta pormenorizadamente en este estudio recién publicado, es que que la bajísima cifra de 219 ejemplares es producto del empleo de datos incorrectos o sesgados en el modelo de cálculo elegido.
La exactitud de los resultados de un determinado modelo de estimación poblacional dependen de la corrección de los supuestos o hipótesis de los que se parte. Si estos datos son falsos o responden a una información sesgada, el resultado solo puede ser erróneo o escasamente ajustado a la realidad. Por eso, utilizando un conjunto ampliado de datos y de evidencias científicas referidos a la mismas zonas geográficas, y sirviéndose de un modelo hipergeométrico bayesiano similar, el grupo de Burgess obtuvo un resultado bien distinto: para que en Tomales Point y Farallones puedan observarse 219 tiburones blancos de la misma talla y sexo que los observados por Chapple et al., en todo el área de California central debe haber un mínimo de 2148 tiburones blancos de todos los sexos, tamaños y edades.

Dos elementos clave del trabajo de Chapple son objeto de severa crítica. El primero es, como ya os podéis imaginar, el dar por hecho que los ejemplares identificados en Tomales y Farallones representan una muestra aleatoria de la población total de California central y ya ni hablemos de todo el Pacífico nororiental, sobre todo cuando en trabajos anteriores se ha demostrado que los tiburones de una zona raramente visitan la otra, y que a pesar de las migraciones estacionales, está documentada la presencia del tiburón blanco en la costa californiana a lo largo de todo el año. Lo mismo que en México, Hawai y, bien hacia el norte, la Columbia Británica y Alaska. O sea, lo que Chapple ha hecho es, como mucho, un muestreo aleatorio de las poblaciones de Tomales y Farallones, en modo alguno de California central, y mucho menos del Pacífico nororiental. No se ha tenido en cuenta que un porcentaje significativo de tiburones aparentemente no siguen un patrón migratorio definido, ni se han incluido zonas de concentración de tiburones tan importantes como la isla de Año Nuevo, al sur de San Francisco, ni la isla mexicana de Guadalupe. Tampoco se ha valorado que la base de la dieta de ciertos tiburones blancos no son los pinnípedos, sino los peces óseos y, tal vez, los cefalópodos, sobre todo en alta mar, con lo que es más que probable que estos ejemplares no formen parte del grueso de los que se congregan alrededor de las colonias de pinnípedos.

El segundo elemento que se pone en cuestión es el método elegido, la identificación fotográfica de las dorsales, cuya eficacia se compara, contradiciendo estudios que demuestran lo contrario, a la de las etiquetas y transmisores de diversa índole. El motivo es muy sencillo: además de lo ya expuesto y de lo que viene a continuación, es imposible detectar en superficie un número suficiente de ejemplares que permita realizar una estimación de población. Los señuelos con cámara incorporada han demostrado que, sorprendentemente, en no pocas ocasiones los tiburones se aproximan desde abajo, investigan el objeto, y abandonan el lugar pasando totalmente desapercibidos para los investigadores, que aguardan pacientemente en la lancha con sus cámaras fotográficas y sus GoPros preparadas. Por otro lado, la estructura social de los tiburones blancos se rige por patrones de dominio y subordinación: los ejemplares de menor talla ceden el territorio a los más grandes y quedan relegados a un segundo plano, de modo que las posibilidades de ser observados disminuyen considerablemente. Por no hablar de la segregación sexual y por tallas, que condiciona, y de qué manera, la prevalencia de ejemplares de uno u otro sexo y tamaños en un momento y lugar determinados. En definitiva, se observan muchos menos tiburones de los que realmente hay.

A continuación, el equipo de Burgess desmenuza críticamente cada uno de los seis supuestosempleados por Chapple en su modelo poblacional apoyándose en un amplio aparato bibliográfico. De ellos hay tres que llaman poderosamente la atención, incluso de aquellos que, como quien esto escribe, no forman parte de la comunidad científica. Veamos.

Foto: Paul Mannix.
El primer supuesto es el de la Población cerrada, que presupone que durante el periodo de muestreo no ha habido muertes o nacimientos, y que ningún individuo se ha incorporado o ha abandonado la población. Pues bien, resulta que existen abundantes datos que demuestran que esto no es así. Ningún estudio hasta la fecha ha demostrado la existencia de un ciclo anual de retorno a los mismos lugares al menos para en un porcentaje lo suficientemente amplio que valide este supuesto. Se ha comprobado que las hembras probablemente desarrollan un ciclo reproductivo bianual que las mantiene alejadas de sus zonas preferentes durante largos periodos de tiempo. Observaciones a largo plazo desarrolladas entre 1991-2008 han revelado que algunos ejemplares marcados en los Farallones durante el otoño de 1991 estaban entre 1 y 9 años ausentes de la zona sin que pudiera establecerse un patrón migratorio concreto. Otros ejemplares reaparecieron en otoño años después, pero en otros lugares del sur de California si regresaron a los Farallones en años anteriores, lo hicieron tan sigilosamente que nadie pudo registrar su presencia.
Igualmente, una hembra marcada en los Farallones en 2008 reapareció durante la temporada siguiente, en 2009, pero en Guadalupe. En conclusión, no es cierto que durante el periodo de muestreo la población de California haya estado "cerrada", sino bien al contrario.

El segundo supuesto es el del Muestreo homogéneo, que asume que todos los individuos tienen la misma probabilidad de ser observados en las dos zonas elegidas, Tomales y Farallones, puesto que sus poblaciones se intercambian de un modo homogéneo. Sin embargo, si bien es cierto que los tiburones blancos demuestran una fidelidad geográfica hacia las zonas de elevada concentración de pinnípedos, sus presas naturales, la evidencia, recogida a lo largo de diversos programas de marcado y seguimiento, también ha demostrado que existen preferencias individuales por lugares específicos. Esto quiere decir que un tiburón puede tener un área geográfica preferente, que solo abandona para realizar fugaces incursiones a otras áreas vecinas. Por ejemplo, en Australia solo el 52% de los tiburones blancos marcados en las islas Neptuno del Norte visitaron una colonia de pinnípedos en las Neptuno del Sur, a solo 12 km de distancia. Un comportamiento similar se ha registrado también en California con individuos marcados no solo en los Farallones y Tomales, sino en otro lugar de extraordinaria importancia, Año Nuevo, incomprensiblemente no tenido en cuenta por Chapple. Cuando un ejemplar aparecía en otra zona distinta, lo hacía durante un corto espacio de tiempo, lo que parece demostrar la existencia de tiburones "residentes" y tiburones "de paso". Conclusión: no es cierto que todos los individuos tengan idéntica posibilidad de ser observados en un lugar u otro.

Por último, el supuesto número 6, según el cual los tiburones no abandonan su población y luego regresan, es manifiestamente falso. Todos los datos disponibles parecen indicar que las hembras maduras desarrollan un patrón migratorio bianual relacionado con su ciclo reproductivo, lo que hace que estén dos años apartadas de sus lugares habituales de concentración, como por ejemplo, los Farallones. También se ha demostrado que al menos algunas hembras se toman un año de descanso entre dos ciclos reproductivos, a consecuencia de lo cual pueden ser observadas en la misma zona durante dos años seguidos, el de descanso y el del inicio de un nuevo ciclo. Esto quiere decir que un porcentaje elevado de hembras maduras muy posiblemente no hayan podido ser observadas durante el muestreo de Chapple.
Por otro lado, se ha constatado la presencia permanente de tiburones blancos en aguas de Hawai a lo largo de todo el año, lo cual puede querer decir que no todos los tiburones regresan periódicamente a sus lugares de concentración. Es posible que los abandonen y que tarden en regresar.
Fuente: www.montereybayaquarium.org
La conclusión es que la cifra propuesta por Chapple et al., dada la naturaleza de las deficiencias expuestas, es claramente una estimación hecha muy a la baja. Si todos esos factores descritos se hubiesen tenido en cuenta, el número se dispararía con toda probabilidad más allá de los 2000 ejemplares solo en California central. Abundando un poco más en la cuestión, el equipo de Burgess insiste en que con datos tan exiguos, procedentes de una zona geográfica tan limitada, resulta de todo punto imposible determinar, siquiera de manera aproximada, el tamaño de la población total del Pacífico nororiental, que seguramente es varias veces superior a lo que sus datos dejan entrever. Y por supuesto, no se puede comparar el tamaño de la población del tiburón blanco con la de otros súperdepredadores, sobre todo cuando ocupan un hábitat y son de una naturaleza biológica tan dispar como la orca o el oso polar.

Los Farallones fotografiados en un día excepcionalmente claro (y con un objetivo muy bueno) desde la zona de Twin Peaks, San Francisco (fuente: San Francisco Citizen Blog.)

... Y ahora, que cada uno saque su propia conclusión.



>>Véase también Quedan muy pocos tiburones blancos.

__________________________
¹Taylor K. Chapple, Salvador J. Jorgensen, Scot D. Anderson, Paul E. Kanive, A. Peter Klimley, Louis W. Botsford, & Barbara Block (2011). "A first estimate of white shark, Carcharodon carcharias, abundance, off Central California." Biology Letters, 7: 581-583. doi:10.1098/rsbl.2011.0124. [ENLACE]

²Para que os hagáis una idea, observad este magnífico gráfico:
"La senda del tiburón. Patrones migratorios estacionales de los tiburones blancos. Los puntos negros representan los tiburones marcados." (Imagen tomada de sfbaywildlife.info).
³Por sub-adultos los autores se refieren a aquellos ejemplares de cierta talla, pero todavía inmaduros sexualmente, que aparecen a lado de los adultos en las zonas de grandes concentraciones.

George H. Burgess, Barry D. Bruce, Gregor M. Cailliet, Kenneth J. Goldman, R. Dean Grubbs, Cristopher G. Lowe, M. Aaron McNeil, Henry F. Mollet, Kevin C. Weng, & John B. O'Sullivan (2014). "A Re-Evaluation of the Size of the White Shark (Carcharodon carcharias) Population off California (USA)." PLoS ONE 9(6): e98078. doi:10.1371/journal.pone.0098078 [ENLACE]

No en vano, entre las conclusiones se dice que "la estimación de 219 tiburones blancos adultos y subadultos es útil como un índice o una estimación de mínimos del número principalmente de machos que regresan a dos colonias de pinnípedos de California central" (las negritas son mías).

Estos supuestos están explicados no en el cuerpo del artículo, sino en el material suplementario (Supplemental Information-Methods), y son: a) Población cerrada; b) Todos los individuos, marcados y no marcados, tienen idéntica posibilidad de ser observados; c) El marcado no altera sus posibilidades de supervivencia; d) Los individuos no pierden sus marcas; e) El tiempo de marcado es instantáneo; f) Los animales no abandonan su población y luego regresan.
(Por "marca", "marcado", etc. debemos entender "foto identificación", "foto identificado", etc.)