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martes, 28 de octubre de 2014

Los tiburones según Plinio


Gayo Plinio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo, nació en el año 23 d. C., ocupó cargos importantes en el ejército y en la administración del Imperio entre ellos, procurador de la Tarraconense, y murió en la gran erupción del Vesubio del año 79, siendo comandante de la flota imperial con base en Miseno, llevado, según se cuenta, por su extrema curiosidad y afán por conocer de cerca un fenómeno tan extraordinario. Fue también un destacado hombre de letras, escribió obras históricas y de carácter político, y la que está considerada como la primera enciclopedia de la naturaleza, la Historia Naturalis, escrita durante la última etapa de de su vida (aproximadamente entre los años 77-79), su gran obra y el motivo por el que hoy lo hemos traído hasta aquí.
Los 37 libros de que consta la Historia Natural pretenden abarcar la descripción de la totalidad del universo conocido, desde la astronomía, el mundo, la naturaleza vegetal, animal y mineral, y el hombre, incluidos aspectos como su organización social y la producción artística hasta la jardinería y la producción de vino, etc.
Plinio no es en modo alguno un naturalista o un científico, sino un erudito, es decir, un infatigable lector y recopilador de datos. Aunque su ajetreada vida sin duda le ha proporcionado observaciones de primera mano, la mayor parte de sus conocimientos procede de autores como Aristóteles¹, de testimonios de viajeros, o simplemente de la "autoridad" de los saberes tradicionales. Su objetivo es reunir en un todo organizado todo el saber existente sobre una determinada materia.
Por lo que respecta a la zoología, y en concreto a los tiburones, Plinio se limita a presentarnos los datos que ha podido reunir, sin cuestionar su validez, pero adaptándolos según su conveniencia². No pretende construir un sistema, a la manera de Aristóteles, sino sencillamente presentar las maravillas y curiosidades del mundo natural, es cierto que a veces sin un orden al menos aparente, haciendo, al mismo tiempo, especial hincapié en su utilidad para el hombre, en las posibilidades medicinales y terapéuticas que ofrece. Puede hablarse, por tanto, de una doble finalidad, didáctica y ética o moral: la naturaleza es fuente de prodigios y de belleza, y además nos aporta innumerables beneficios, por eso merece ser conocida y respetada.

Todas las citas proceden de la traducción y edición el texto a cargo de Josefa Cantó, Isabel Gómez Santamaría, Susana González Marín y Eusebia Tarriño para la editorial Cátedra³.

Historia Naturalis. Códice de mediados del XII conservado en la abadía de Saint Vincent, Le Mans.

Es en el Libro 9 donde se ocupa de los peces. Pero a diferencia de Aristóteles, el tratamiento científico de los tiburones se limita a estas pocas líneas:
(40) 78. Hay otra clase de peces planos que tiene cartílagos en lugar de espinas, como la raya, la pastinaca, el pez ángel, la tembladera y aquellos a los que los griegos dan el nombre de buey, lamia, águila, rana. Entre ellos se encuentran también los escualos, aunque no son planos. Aristóteles fue el primero que los llamó en conjunto con el nombre griego selache. Nosotros no podemos distinguirlos, a no ser que queramos llamarlos cartilaginosos. Por lo demás, todos son carnívoros y se alimentan tumbados de espaldas, como dijimos a propósito de los delfines, y mientras los demás peces son ovíparos, sólo esta especie, como la de los llamados cetáceos, es vivípara, excepto el llamado pez rana.
Más abundantes son las referencia a la ferocidad y peligrosidad de estos animales para los pescadores de perlas y de orejas de mar:
(55) 110. La concha [se refiere a la ostra], cuando ve una mano, se repliega y oculta sus riquezas, sabedora de que son ellas lo que busca; y si la mano se anticipa, la corta con su filo: no hay castigo más justo. Además, otros peligros la protegen: la mayor parte de las veces se encuentra entre escollos, en alta mar la acompañan también los perros marinos; y sin embargo ello no impide que adorne las orejas de las mujeres.
(70) 151. Una gran cantidad de perros de mar acechan con grave peligro a los buceadores que buscan esponjas. Ellos mismos cuentan que sobre su cabeza se solidifica una nube, semejante a un animal, que los oprime y les impide ascender, y que por eso llevan puñales muy agudos atados con una cuerda, porque no se retira a no ser que la perforen; eso lo provoca, según creo, la oscuridad y el miedo. Pues nadie ha encontrado ningún animal parecido a esa "nube" o "niebla", que es como llaman a esa calamidad. 152. Con los perros de mar, la lucha es terrible. Atacan a las ingles, los talones y las partes blancas del cuerpo. La única salvación está en hacerles frente y asustarlos, pues tienen miedo del hombre lo mismo que lo aterrorizan a él, y en las profundidades la lucha está igualada. Cuando el buceador llega a la superficie del agua el peligro es doble, porque no puede utilizar la táctica de plantarles cara; mientras trata de emerger, su salvación está en manos de sus compañeros; ellos tiran de la cuerda que lleva atada por los hombros. Mientras lucha, el buceador tira de la cuerda con la izquierda para indicar que hay peligro, y con la derecha sigue luchando con el puñal. 153. Tiran de él poco a poco; cuando ya está junto al barco, si no se dan mucha prisa en izarlo, ven cómo lo devoran. Y muchas veces se lo arrebatan de las manos cuando ya lo han sacado, a no ser que él mismo contribuya al esfuerzo de los que tiran haciendo un ovillo con el cuerpo. Entonces otros hombres blanden los tridentes, pero la habilidad del monstruo consiste en esconderse debajo del barco y de esa forma combatir seguro. Así pues, los buceadores toman todo tipo de precauciones para vigilar esta plaga.
El tema de la singular técnica del zorro marino para evitar ser capturado la recogen diversos autores antiguos, Aristóteles entre ellos.
(67) 145. Las escolopendras, semejantes a las de tierra llamadas ciempiés, cuando se tragan un anzuelo vomitan sus entrañas enteras hasta que expulsan el anzuelo, y luego se las vuelven a tragar. En cambio los zorros de mar, en situaciones peligrosas semejantes, tragan más sedal, hasta llegar a la parte más débil, que cortan fácilmente.

Buena parte del Libro 32 se ocupa de la farmacopea y usos terapéuticos de los seres vivos. Como veréis, los tiburones proporcionan remedios para casi todo, desde las pústulas en las partes pudendas hasta los miedos irracionales, además de servir de antídoto contra ciertos venenos:
(12) 25. Por lo que se refiere a la incompatibilidad entre elementos que los griegos llaman antipatía, no hay nada más venenoso en el mar que la pastinaca: ya hemos dicho que destruye los árboles con su aguijón. Sin embargo, a ella la persigue el galeos, que también persigue a otros peces, pero sobre todo a la pastinaca, como en tierra la comadreja a las serpientes: tan grande es su ansia por el veneno. Precisamente el galeos [...] cura a los que ha picado la pastinaca.
Para problemas en ciertas partes:
(34) 107. Para las pústulas de las partes pudendas, [...] la ceniza de cabeza de perca en salazón, añadiéndole miel, la ceniza de cabezas de pelamydes, o la piel de pez ángel quemada. 108. Con ésta es con la que dijimos que se pule la madera, puesto que del mar salen también cosas útiles para los artesanos.
Remedios relacionados con la salud bucodental:
(26) 79. Los dolores de muelas se calman escarificando las encías con huesos de dragón marino y con sesos de perro de mar hervidos y conservados en aceite, frotando los dientes con ello una vez al año.
(48) 137. Para las encías de los niños y la dentición es muy buena la ceniza de dientes de delfín con miel, y también pasar por las encías el mismo diente. Además, como amuleto quita los terrores repentinos. El mismo efecto tiene el diente de perro de mar.
... y la epilepsia:
(37) 112. Como hemos dicho, los epilépticos beben cuajo de foca con leche de yegua o de burra, o con jugo de granada; algunos, con vinagre endulzado con miel; otros toman el cuajo simplemente en forma de píldoras. [...] También se les administra hígado de comadreja marina, o de ratón, o sangre de tortuga.

... Con razón mi admirado Italo Calvino gozaba con la lectura de Plinio.

Una breve nota que tal vez sea de interés para los lectores (en masculino) de este vuestro blog: si alguno de vosotros padece de tan triste mal, que sepáis que los "testículos descolgados, dicen que hay que frotarlos con baba de caracol". Avisados quedáis.


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¹Particularmente, su Historia animalium o Investigaciones sobre los animales. Véase Los tiburones según Aristóteles (I) y Los tiburones según Aristóteles (II).
Rémoras bajo la quilla. Ilustración de finales del XV.
²Valga un ejemplo bastante curioso: en su descripción de la rémora Plinio sigue a Aristóteles, pero en un momento determinado no le importa, abandonando toda elemental prudencia, incorporar una visión a todas luces exagerada basada en testimonios que debieran ser, como poco, cuestionados:
Libro 9. (41) 79. Hay un pez muy pequeño que vive entre las rocas, llamado rémora; se cree que retrasa la marcha de los barcos, de ahí su nombre [se refiere a echeneis, "que detiene los navíos"].
Libro 32. (1) 2. Sin embargo, un pequeñísimo pececillo llamado rémora sujeta él solo a todos estos elementos [se refiere a elementos de la naturaleza como los vientos, las mareas, las tempestades], que hacen fuerza en la misma dirección. Por mucho que soplen los vientos y se enfurezcan las tempestades, manda sobre su furor, contrarresta tan grandes fuerzas y obliga a los barcos a permanecer quietos [...].
³Plinio. Historia Natural. Madrid: Cátedra, 2002.
Excepto la lamia, que puede referirse a un marrajo (Isurus oxyrinchus) o a un tiburón blanco (Carcharodon carcharias), y el pez ángel (Squatina sp.), todos los demás son rajiformes. El pez rana es el rape.
Según nota de las editoras, "El Canis marinus es algún tipo de escualo, la tintorera tal vez".
Especie no identificada. Puede tratarse de un cazón (Galeorhinus galeus), o tal vez de otra especie de mayor tamaño que tenga a las pastinacas entre su dieta.
Tal vez la pintarroja (Scyliorhinus canicula) o cualquier Canis marinus como la tintorera (Prionace glauca).
Probablemente la musola (Mustelus sp.).


lunes, 20 de octubre de 2014

El salto del vulpinus

Foto: Juan Gabriel Mata.
Esta imagen fue tomada en el puerto de Algeciras el pasado 27 de agosto a las seis de la tarde. Su autor, Juan Gabriel Mata, logró captar dos de los tres saltos que observó. Al principio pensó que podía tratarse de un delfín o tal vez un atún (el bicho estaba lejos), y solo al descargar la tarjeta en su PC se dio cuenta de que era otra cosa. Juan Gabriel tuvo la amabilidad de enviarme las fotos a la página de Tiburones en Galicia en Facebook para confirmar su sospecha de que era un tiburón zorro. Y en efecto, como podéis observar, la cola es inconfundible, y la franja blanca sobre las pectorales resulta definitiva: sin duda, un zorro (Alopias vulpinus).
Un testigo le había comentado que el gran pez ya llevaba un buen rato por los alrededores, pegando algún que otro salto. En el dique habían entrado varios bancos de caballa y un gran pez luna.

El vulpinus es otro de nuestros tiburones más saltarines. En realidad, es el actual subcampeón de la modalidad, solo por detrás del veloz e inalcanzable marrajo, a quien ya vimos en acción en El salto del oxyrinchus. Hay quien sostiene que puede llegar a pegar saltos de hasta 6 m, frente a los más de 7 m (o 9 m, según algunas fuentes) del campeón. Aunque las cifras no son oficiales, lo que es incuestionable es que un bicho con una talla que puede alcanzar e incluso superar los 6 m se le ha visto saliendo totalmente del agua, incluida su larguísima cola, que, recordemos, representa aproximadamente la mitad de su longitud total.
Nadie sabe exactamente por qué saltan los zorros marinos. Tal vez para librarse de parásitos, para comunicarse, para localizar a sus presas... En algunas ocasiones, los saltos han coincidido con la presencia de abundantes bancos de sardina y caballa. Pero de momento lo que hay son especulaciones.

Los zorros marinos (Alopiidae) constituyen una pequeña familia de tres miembros [véase Colas de zorro (fam. Alopiidae)], dos de los cuales están presentes en nuestras aguas: el zorro o zorro común (A. vulpinus) y el zorro negro o zorro ojón (A. superciliosus).
Sin duda, el vulpinus es el que más se parece al marrajo, tanto por la estructura de su poderosa musculatura como por su comportamiento extraordinariamente combativo cuando se le pesca. Es el único alópido que posee un sistema de retención de calor (la rete mirabile)¹ en paquetes de musculatura roja alojados en el interior de su cuerpo². Ello le ha permitido colonizar aguas más frías y optimizar el rendimiento muscular. Desgraciadamente ello le ha convertido también en un trofeo muy buscado por los autodenominados "pescadores deportivos" (sea lo que sea lo que esta expresión signifique para estos "deportistas"), particularmente del otro lado del Atlántico. Aquí, en aguas de la UE, su captura, desembarco y comercialización están terminantemente prohibidas desde el 2010.

Este bellísimo tiburón se encuentra en serio peligro. Sus poblaciones a nivel mundial están descendiendo, en algunos lugares parece que de forma considerable. Figura en la Lista Roja de la IUCN con el estatus de Vulnerable... a la espera de que lleguen más datos que confirmen una subida del nivel de alarma hasta el "En peligro". De nosotros depende.

Foto: Juan Gabriel Mata.

=> Para conocer al zorro marino, echadle un vistazo a Zorro (Alopias vulpinus).


[Una breve nota de agradecimiento a Juan Gabriel Mata por estas estupendas fotografías.]

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¹El sistema circulatorio de los tiburones.
²En La musculatura del tiburón encontraréis información sobre estos dos tipos de musculatura así como un interesante gráfico comparativo de la estructura muscular de los tres alópidos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Tiburones con personalidad

Pintarroja (Scyliorhinus canicula). Foto: Jacobo Alonso.
Que los tiburones tienen personalidad propia, individual, es algo que hace tiempo vienen defendiendo muchos de quienes permanentemente trabajan o bucean con ellos. Hay individuos que en determinadas situaciones se muestran más nerviosos, atrevidos, confiados, agresivos, curiosos, o pachorrones que otros de su misma especie. En esto no parecen ser muy distintos de otros animales, como por ejemplo nuestros chuchos. Estudios que se han llevado a cabo con tiburones limón (Negaprion brevirostris) han constatado que no todos los individuos responden a un estímulo o interactúan entre si de igual modo. Sin embargo, hasta hoy ningún trabajo había abordado la cuestión de en qué medida la personalidad individual puede llegar a afectar o condicionar el comportamiento social.

La semana pasada se publicaban en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology¹ las conclusiones de un estudio sobre algunos aspectos de la personalidad social de los tiburones, no de los grandes tiburones "televisivos", sino de una especie mucho más modesta aunque no menos interesante, la pintarroja (Scyliorhinus canicula). Como os podéis imaginar, las pintarrojas son infinitamente más dóciles y fáciles de manejar en un laboratorio; pero lo más importante es que, por sus características, estos pequeños tiburones bentónicos y poco nadadores, en particular cuando son juveniles, se ven obligados a adoptar modelos de conducta claramente marcados y optimizados para no convertirse en presa fácil para sus depredadores, que son muchos y grandes. Básicamente disponen de dos estrategias: agruparse o ir por libre. En cautividad, se ha observado que los jóvenes suelen formar grupos mixtos no aleatorios en función de cierto grado de familiaridad o de conocimiento mutuo entre individuos. En la naturaleza posiblemente tanto juveniles como adultos adopten este sistema, pero igualmente no pocos individuos prefieren ir a su bola, confiando en la discreción del camuflaje que les proporciona su característica librea. Desconocemos si existe algún factor, ambiental o no, que determine la adopción de un modelo u otro.

Los autores del estudio se dedicaron, durante algo más de un mes, a observar y registrar los movimientos y patrones de comportamiento, individual y grupal, de 100 pintarrojas, nada menos (solo por eso merecerían un premio), ubicadas en tres hábitats de diferente grado de complejidad. Las observaciones se realizaron durante el día, puesto que es cuando estos animales se muestran menos activos, y suelen permanecer descansando sobre el fondo, en grupos o en solitario. Después de colocarles marcas individuales, formaron 10 grupos de 10 individuos y a continuación los fueron colocando sucesivamente en tres grandes tanques: uno con un sencillo sustrato de gravilla, otro de rocas, y un tercero con un relieve mixto de gravilla y roca. Todos los ejemplares eran juveniles de entre 8-10 meses y de tallas similares, alrededor de 18 cm LT, de manera que el condicionante sexual quedaba eliminado. El objetivo era analizar la estructura social de cada grupo, los agrupamientos que se formaban, así como la actitud y posición social de cada individuo en entornos de diversa complejidad estructural.

Foto tomada de la página web de la CRAM (Fundación para la recuperación y conservación de animales marinos).
Para resumir la cuestión, lo que estos experimentos demostraron fue que, tras esa apariencia sosa y anodina, las pintarrojas esconden una fuerte personalidad que parece mantenerse firme ante cualquier circunstancia. Los investigadores observaron que las preferencias individuales parecen regir la elección de una estrategia de supervivencia en detrimento de la otra. Aunque el tamaño de los agrupamientos sufrió ligeras variaciones en los tres ambientes (en el sustrato de grava, por ejemplo, se volvían más laxos y tendían a reducirse, tal vez por la mayor facilidad de cada uno de sus componentes para mimetizarse con el entorno), los individuos de carácter más independiente o solitario apenas llegaron a integrarse en algún grupo muy reducido, buscando la mayor parte del tiempo un lugar apartado donde poder descansar a gusto camuflados contra el fondo. En cambio, los más sociables se mantuvieron en todo momento y circunstancia formando parte de grupos grandes y bien interconectados, particularmente al abrigo de las rocas.

Aunque es cierto que todos estos datos se han obtenido a partir de animales en cautividad, y por tanto necesitan sustentarse sobre una base más amplia de observaciones en el medio natural, lo que parece evidente es que los tiburones son unos seres mucho más complejos de lo que nos han enseñado a creer, desde los grandes tiburones blancos hasta las más humildes pintarrojas.



=>Para saber más sobre las pintarrojas, véase Pintarroja (Scyliorhinus canicula).
=>En La capacidad cognitiva de los tiburones, recogíamos el resultado de unos experimentos (más experimentos) con pintarrojas.

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¹David M. P. Jacoby, Lauren N. Fear, David W. Sims, Darren P. Croft (2014). "Shark personalities? Repeatability of social network traits in a widely distributed predatory fish". Behavioural Ecology and Sociobiology. doi:10.1007/s00265-014-1805-9


domingo, 5 de octubre de 2014

Una cápsula-huevo del Carbonífero y una guardería

La cápsula-huevo de Doncaster. Foto: Dean Lomax, University of Manchester.
Una cápsula-huevo...
Este verano pasado conocimos la noticia del descubrimiento de una cápsula-huevo de tiburón de 310 millones de años de antigüedad en una vieja mina de carbón de la localidad de Edlington, Doncaster, en el corazón minero de Yorkshire del Sur¹. La amplia variedad de fósiles vegetales y animales hallados en el mismo lugar permitieron a los paleontólogos reconstruir un mundo inimaginable en la región fría y gris que conocemos en la actualidad.

En el Carbonífero (unos 360-303 millones de años atrás) no existían ni Yorkshire ni Inglaterra. Tampoco Europa ni América. La superficie de la Tierra estaba dominada por un océano inmenso, Panthalassa ('todos los océanos'), que ceñía unos bloques continentales a punto de colisionar en un profundo cataclismo del que surgiría, a finales del Paleozoico², el supercontinente Pangea ('la tierra toda'). Durante este proceso, pequeños océanos como el Rheico y el Ural se cerraron y desaparecieron, mientras la deriva de China del Norte, China del Sur y Cimmeria iba modelando el océano Paleo-Tetis. Uno de aquellos bloques continentales era Euramérica, que estaba situada en los trópicos, la zona más propicia para alumbrar la gran explosión de vida vegetal que caracteriza este periodo.
El Carbonífero fue en muchos sentidos la edad de las plantas; en los grandes bosques que cubrían el mundo se encuentra el origen de los depósitos de carbón que le han dado nombre. El contenido de oxígeno de la atmósfera alcanzó picos de hasta el 35% (actualmente, el porcentaje es del 21%), lo que podría explicar los casos de gigantismo de ciertos grupos de insectos y anfibios.
A principios del Carbonífero la Tierra tardaba 383 días en dar la vuelta completa alrededor del Sol y los días tenían menos de 23 horas³.

La Tierra hace unos 300 millones de años. Al norte, Siberia; en el centro Euramérica, y al sur Gondwana; al este, en el sentido de las agujas del reloj, China del Norte, China del Sur y Cimmeria, rodeando el océano Paleo-Tetis.  Fuente: Ron Blakey, NAU Geology - http://cpgeosystems.com/mollglobe.html
Invirtiendo el proceso que venía desarrollándose desde el Devónico, en los primeros millones de años del Carbonífero se produce una subida del nivel del mar que va a dar lugar a extensas marismas y grandes mares epicontinentales, a cuyas veras surgen inmensos bosques tropicales donde crecían árboles de más de 40 metros, equisetales, cordaites, helechos arborescentes, las primeras coníferas, licofitas que podían elevarse hasta los 30 m... Todo un universo fantasmagórico único e irrepetible, no tanto por la naturaleza extraña de las especies que lo poblaban (no existían, por ejemplo, las plantas con flores; y Galicia —que tampoco existía—, no estaba tapizada de eucaliptos), sino por la ausencia de voz. Las aves todavía tardarían millones de años en puntear con sus cantos el silencio del mundo. Y los mamíferos, bastante más. En su lugar, millones de insectos, algunos de un tamaño descomunal, como las libélulas gigantes de alas de hasta 70 cm, surcaban el aire caliente y húmedo de aquellas selvas inundándolo con sus zumbidos, carracas, chirridos y zumbas, mientras sorteaban las trampas tendidas por arañas del tamaño de un jabalí. El manto de vegetales en descomposición que cubría el suelo era atravesado por ejércitos de artrópodos, cucarachas, escorpiones y miriápodos de hasta 2 m de longitud. De las ricas masas de agua que bordeaban y salpicaban la floresta salían pelotones de anfibios de diferentes formas y tamaños en busca de comida. Algunos eran verdaderos monstruos de 6 m; otros se estaban adaptando hasta tal punto al medio terrestre, que sus cuerpos se habían cubierto de escamas para proteger su delicada piel. De ellos sería el dominio de los ecosistemas terrestres... y de las pantallas cinematográficas.

Escena del mar del Carbonífero tomada de The Open University.
El océano vuelve a llenarse de vida tras la extinción masiva del Devónico. Los foraminíferos se convierten en uno de los grupos más importantes, y junto a ellos, los corales, briozoos, ostrácodos, radiolarios, braquiópodos, equinodermos como los crinoideos o lirios de mar, anélidos... Los trilobites iban camino de la extinción, siguiendo los pasos de los placodermos o peces acorazados, mientras se multiplicaban las poblaciones de ammonites, los ancestros de nuestros calamares. A lo largo de las costas se levantaron extensas barreras de arrecifes de coral que albergaban una extraordinaria multiplicidad de formas de vida.
De entre los peces, los más abundantes fueron sin duda los tiburones, que experimentaron una importante radiación evolutiva, probablemente, según apuntan algunas teorías, para ocupar los nichos que habían dejado los placodermos. No en vano hay quien considera el Carbonífero como la edad de oro de los tiburones, que contaban con alrededor de 45 familias, diez más que en la actualidad. Algunas especies adoptaron formas sumamente extrañas, como el Helicoprion (que en realidad, según las últimas investigaciones, podría tratarse de una quimera véase Helicoprion), con su famosa espiral dentaria; las especies del género Stethacanthus, con su característica dorsal en forma de yunque; el Falcatus, dotado de una enorme espina dorsal inclinada hacia delante como el mango de una sartén, o el Bandringa, que poseía un larguísimo morro muy parecido al de los modernos peces espátula (Polyodontidae), repleto de sensores eléctricos con los que localizaba sus presas ocultas en los turbios fondos lacustres o fluviales.

Pareja de Stethacanthus. Se cree que las especies incluidas en el género Symmorium son en realidad las hembras de Stethacanthus, que carecerían de la característica aleta en forma de yunque. Dibujo de Douglas Henderson.
Los tiburones colonizaron ambientes de agua dulce, como los Xenacanthiformes, de aspecto muy parecido a los actuales tiburones anguila (Chlamydoselachidae), o como el individuo responsable de la puesta de la cápsula ovífera de Edlington. Porque, efectivamente, al menos una parte de Yorkshire pudo haber sido una selva repleta de lagos y pantanos, o tal vez un bosque tropical de inundación similar a los que encontramos hoy en día en el Amazonas.
No sabemos a qué especie pertenecía esta cápsula-huevo. El oviparismo es la estrategia reproductiva más antigua de las tres que encontramos en los tiburones actuales; si pensamos que aproximadamente el 40% de las especies que conocemos son ovíparas, no es difícil imaginar que hace 300 millones de años este fenómeno debió de estar mucho más extendido. La cosa está más que complicada.
Fósil y reconstrucción de una cápsula-huevo de Lonchidion ferganensis. Su diseño helicoidal es muy parecido al de los huevos de los modernos heterodóntidos (foto de Jan Fischer tomada de la página The Archaeology News Network).
En cualquier caso, puestos a conjeturar, su aspecto es parecido al de las cápulas-huevo de Lonchidion ferganensis, un tiburón del extinto orden de los Hybodontiformes, antecesores de los Heterontiformes actuales, halladas en un depósito triásico del Kirguistán (Asia central) por un equipo dirigido por Jan Fischer, paleontólogo del Instituto de Geología de la TU Bergakademie Freiberg: un antiguo lago de agua dulce en el que también se encontraron huevos posiblemente de alguna especie de Xenacanthus. Creo que lo más sensato será aguardar el dictamen de los paleontólogos.

Lonchidion ferganensis según Frederik Spindler, Journal of Vertebrate Paleontology, 2011.

... y una guardería.
A comienzos de este mismo año supimos que en otra zona de la antigua Euramérica, hoy situada del otro lado del Atlántico, concretamente en los depósitos de Mazon Creek, al norte del estado de Illinois, se encontraron montones de cápsulas-huevo pertenecientes a tiburones de diversas especies, y junto a ellas, los restos fósiles de varias crías jóvenes de Bandringa en increíble estado de conservación. Como en el caso anterior, tenían 310 millones de años.
Era la primera vez que huevos y crías aparecían juntos en un mismo lugar, lo cual vino a demostrar que Mazon Creek fue en su momento una zona de cría o guardería para tiburones; dicho de otro modo, que hace más de 300 millones de años estos bichos seguían pautas reproductivas similares a las de hoy en día.

Esta cría de bandringa medía 10 cm. Los adultos podían llegar a medir 3 m. Foto: Lauren Sallas, Michael Coates, tomada de Science News.com.
Otro descubrimiento sorprendente vino de la comparación de estos ejemplares con los primeros fósiles de Bandringa encontrados en 1969 y de otros hallados en años posteriores en diversas localizaciones. Los científicos comprobaron que lo que hasta ese momento se creía eran dos especies distintas, Bandringa rayi y Bandringa herdinae, la primera de agua salada y la segunda de agua dulce, en realidad eran una y la misma. Sus diferencias no eran morfológicas, sino tafonómicas, esto es, debidas a que los procesos de fosilización no son iguales en un ambiente de agua salada que en uno de agua dulce. Los fósiles encontrados en sedimentos marinos mostraban los tejidos blandos y el perfil corporal claramente delimitados, pero sin apenas restos del endoesqueleto; en cambio, los procedentes de estratos formados en un medio de agua dulce retenían un ínfimo porcentaje de tejido blando, pero conservaban partes completas del endoesqueleto. Por eso parecían especies distintas.
Y como guinda de un excelente trabajo, combinando todos los datos referidos a las tallas y localizaciones de los fósiles, los autores concluyeron que los bandringas posiblemente realizaban migraciones con carácter reproductivo. Las hembras se trasladaban hacia las aguas costeras, salobres o saladas, para realizar la puesta (o puede que para dar a luz, pues todavía no se sabe con certeza si alguna de las cápsulas-huevo halladas en Mazon Creek corresponden a esta especie), y posteriormente regresarían a sus zonas habituales de residencia, en ríos o lagos de agua dulce. Se trataría, por tanto, de una especie catádroma, como las anguilas. No está nada mal.

Reconstrucción del bandringa según John Megahan, University of Michigan.

Muchas historias que contar.
Más o menos a partir de mediados del Carbonífero se constata un progresivo descenso de las temperaturas, que en principio no afectó a las zonas tropicales. El desplazamiento hacia el sur de Gondwana provoca la expansión de los glaciares que permanentemente cubrían su franja meridional, lo que trae consigo el enfriamiento del clima y la bajada del nivel del mar, que a su vez son los causantes de un periodo de extinción masiva que afectó sobre todo a crinoideos y ammonites, con pérdidas del 40% y del 80% de sus poblaciones, respectivamente.
Hace unos 305 millones de años el enfriamiento y sequedad paulatina de la atmósfera llega a tal extremo que provoca el colapso de los grandes bosques tropicales.
La era Paleozoica echa su cierre con la extinción en masa de finales del Pérmico, un cataclismo de magnitudes inconcebibles que acaba con el 90-95% de las especies marinas (hay quien habla del 99%). Los tiburones lograron sobrevivir, una vez más, para seguir siendo testigos del eterno devenir de los océanos y de las masas continentales, y de la ida y venida de un sin fin de criaturas cada cual más extraña.
Los primeros mamíferos, diminutos y huidizos, todavía tardarían más de 50 millones de años en arrancarse del tronco de los reptiles mamiferoides para establecerse definitivamente sobre la Tierra.

El tiempo de los tiburones está más allá de la escala humana, es un tiempo geológico, por eso nos resultan tan extraños, misteriosos y fascinantes. En su ADN está escrita la historia de la formación mundo tal como hoy lo conocemos, incluidos nosotros mismos, que apenas representamos una base nitrogenada, tan nimia como letal.
Los tiburones no se merecen el deprimente final que les estamos preparando... Y nosotros no nos merecemos perder a unas criaturas con tanta Historia que contar.

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¹Véase nota de prensa en Science Daily.
²La era Paleozoica (del griego paleo, 'antiguo', y zóo, 'ser vivo', que podría traducirse como "era de los seres vivos antiguos") se inició hace hace aproximadamente 542 millones de años y terminó unos 250 millones de años atrás. Comprende los períodos Cámbrico (542-490 millones de años), Ordovícico (486-445), Silúrico (443-423), Devónico (420-372), Carbonífero (360-303) y Pérmico (300-254). Todas las magnitudes son aproximadas. Para una información más exacta, recomiendo visitar la página <https://engineering.purdue.edu/Stratigraphy/gssp/index.php?parentid=all>
³Véase el curioso e interesante artículo de Adam Hadhazy publicado el 14 de junio de 2010 en la edición digital de Scientific American.
Un resumen de este trabajo puede encontrarse en la página The Archaeology News Network. 
Recordemos: Oviparismo, Viviparismo aplacentario (ovoviviparismo) y Viviparismo placentario.
Lauren Cole Sallam y Michael I. Coates (2014). "The long-rostrumed elasmobranch Bandringa Zangerl, 1969, and taphonomy within a Carboniferous shark nursery". Journal of Vertebrate Paleontology, 34:1, 22-33, doi: 10.1080/02724634.2013.782875.
Integrando los datos de todos los fósiles, los investigadores lograron reconstruir el cuerpo del Bandringa con asombrosa precisión: 
La boca estaba orientada hacia abajo y probablemente tenía capacidad succionadora, ideal para alimentarse de los animales del fondo. A cada lado de la boca y sobre la cabeza presenta espinas como agujas posiblemente con función defensiva. Fuente: L. C. Sallam, M. I. Coates, Journal of Vertebrate Paleontology, 2014.