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miércoles, 5 de octubre de 2016

Resultados CITES 2016


Parece que llegan buenas noticias desde Sudáfrica. La conferencia mundial de la CITES, que acaba de clausurarse en Johannesburgo, ha aprobado finalmente la inclusión de 13 especies de elasmobranquios (tiburones y rayas) en su Apéndice II.
  • El jaquetón sedoso (Carcharhinus falciformis).
  • Las tres especies de zorros marinos o tiburones zorro (fam. Alopiidae): el zorro común (Alopias vulpinus), el zorro negro (A. superciliosus) y el zorro pelágico (A. pelagicus).
  • La 9 especies de mobulas o mantas diablo (fam. Myliobatidae, subfam. Mobulinae): Mobula eregoodootenke, M. hypostoma, M. japanica, M. kuhlii, M. mobular, M. munkiana, M. rochebrunei, M. tarapacana y M. thurstoni.
¿Qué diablos significa eso del Apéndice II y cuáles son sus implicaciones? Buena pregunta. Brevemente, la CITES (siglas en inglés de Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres) es un acuerdo internacional jurídicamente vinculante, al menos en teoría, firmado de manera voluntaria por los gobiernos de diferentes países (182 en la actualidad) con el objetivo de controlar el comercio de plantas y animales cuando este suponga una amenaza para su supervivencia. Es decir, es un acuerdo de naturaleza comercial.
     Las especies que reciben el amparo de la CITES se clasifican en tres listados o apéndices. El Apéndice I incluye plantas y animales en serio peligro de extinción, de modo que su comercio está severamente restringido y solo se autoriza en circunstancias muy excepcionales. El lince ibérico (Lynx pardinus), la ballena azul (Balaenoptera musculus) y los peces sierra (fam. Pristidae), por ejemplo, están incluidos aquí. Ninguna otra raya o tiburón aparecen en él.
     El Apéndice II incluye especies con menor grado de amenaza cuyo comercio debe ser controlado a fin de que su supervivencia no se ponga en peligro. En él figuran el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el peregrino (Cetorhinus maximus), el ballena (Rhincodon typus) y, desde 2013 [véase Resultados CITES 2013], el jaquetón oceánico de puntas blancas (Carcharhinus longimanus), el cailón (Lamna nasus) y tres especies de cornudas o martillos: el tiburón martillo (Sphyrna mokarran), la cornuda (Sphyrna zygaena) y la cornuda negra (Sphyrna lewini); también dos mantas: Manta alfredi y Manta birostris.
     El Apéndice III recoge aquellas especies que están protegidas en al menos un país que solicita ayuda de los demás para controlar su comercio. Hasta 2013 aquí estaban el cailón y la cornuda negra.

Izq. Jaquetón sedoso (Carcharhinus falciformis) (foto: Andy Murch). Dcha. Zorro pelágico (Alopias pelagicus).
Se estima que las poblaciones mundiales de silkies, como se conoce en inglés al sedoso, y de zorros marinos han descendido entre un 70-80%... y localmente hasta un escandaloso 90%. Las mobulas igualmente están cayendo en picado debido, entre otros factores, a la brutal presión pesquera que están padeciendo a causa de sus placas branquiales, altamente apreciadas en varias zonas de Asia como China por sus supuestos valores medicinales. Se calcula que cada año se mueven más de 120 toneladas de este producto, una auténtica bestialidad para una criatura con tan baja tasa reproductiva (en general, 1 cría cada 2-3 años).
     El jaquetón sedoso es una especie muy apreciada, por su carne y también por sus aletas, que son de las más abundantes en los mercados de Hong-Kong. Es una especie objetivo, pero también una de las capturas accidentales más comunes; es decir, que recibe por todos los lados. Su propuesta de inclusión en el Apéndice II recibió el respaldo mayoritario de un amplio porcentaje de países como México, Chile, Nueva Zelanda, etc., y el voto en contra de otros como Nicaragua, Qatar, Indonesia, Japón e Islandia, bien juntitos estos últimos. También la FAO se opuso a esta medida argumentando, como los anteriores, que el control de su pesquería y comercio era más efectivo si se realizaba desde un ámbito regional.
     Los zorros marinos son de los tiburones pelágicos más amenazados. Se calcula que más de un millón de ejemplares cae cada año, para aletas y para carne. Su propuesta, como en el caso anterior, también recibió un respaldo mayoritario tras una votación secreta. En contra... la FAO, Japón ... e Islandia.

Manta (Mobula mobular) (foto: Sarah Fauwetter).
La propuesta para incluir las 9 especies de mobulas en el Apéndice II recibió un respaldo si cabe más mayoritario que el de los tiburones. Incluso la FAO se mostró a favor. Y en contra... Japón e Islandia. Qué curioso, ¿a que si? Esa férrea fidelidad de amantes a la moda, en el fondo y en las formas, ¿tendrá algo que ver con sus posiciones coincidentes respecto a la caza de ballenas? Para quien no cree en las coincidencias la respuesta es obvia.

Las Partes, como se denominan las naciones firmantes de la Convención, tienen ahora 6 meses para implementar medidas de regulación del comercio de mantas diablo y de 12 para los tiburones. Veremos en qué queda todo esto.
     Personalmente, miro todo esto con cierto escepticismo. Pero al mismo tiempo reconozco que en esta convocatoria se han visto ciertos gestos que parece que despiertan en uno un poco de esperanza. Uno de ellos es el elevado número de países que propusieron y votaron cada propuesta. Otro es el caso de naciones como Sri Lanka, por ejemplo, responsable del 50% de capturas de sedosos durante la última década, que fue uno de los promotores de su inclusión en el Apéndice II argumentando que puesto que su pesquería es tan importante para su pueblo, deseaba que fuese sostenible. Los representantes de países como Filipinas, Bahamas y Maldivas adujeron que los tiburones eran valiosos para atraer al turismo, por lo que consecuentemente apoyaron las propuestas, según recoge la crónica de The Guardian. No está mal. Impensable hace unos años. Parece que la evidencia se muestra con toda su fuerza... y parece también que las diferentes asociaciones conservacionistas han aprendido a actuar como verdaderos lobbies. A los japoneses les ha salido un serio y justo competidor... y además con la razón de su parte.
     Crucemos los dedos, y sobre todo no bajemos la guardia. La presión pública a veces funciona.